
Los retrasos en la vacunación abren un incierto futuro para la humanidad, con las rápidas mutaciones que se están produciendo en el coronavirus
Mienten descaradamente los medios de comunicación cuando nos informan que no hay vacunas en el mundo porque el ritmo de producción que requieren las farmacológicas que las producen, resulta imposible. No es cierto, Según Pedro Miralles, autor de este artículo, las razones para que no hayan vacunas suficientes en el planeta residen justamente en lo que ha denunciado la Organización Mundial de la Salud: el negocio y la no liberación de las patentes. Si no se dieran esas condiciones, la pandemia podría estar ya en trance de ser vencida.
POR PEDRO MIRALLES PARA CANARIAS SEMANAL
Según el periodista y escritor especializado en temas científicos, Christophe Callewaert, la empresa farmacéutica Pfizer está actuando un niño abusón en el patio del recreo con los países desesperados por conseguir suficientes vacunas para acabar con la pandemia.
Pfizer ha sido una de las empresas ganadoras en la carrera por una vacuna contra el coronavirus. Sin embargo, Pfizer es también otras cosas. Es una de las empresas más poderosas del mundo, una multinacional que el año pasado repartió la friolera 8.400 millones de dólares en suculentos dividendos a sus accionistas. Podrá el lector el lector imaginarse sin hacer ningún esfuerzo, hasta donde ascenderán sus beneficios en el presente año contable del 2021 .
Como no podía ser de otra manera, Pfizer ya ha realizado cálculos muy precisos. Espera que las ventas en el 2021 se sitúen entre 59.000 y 61.000 millones de dólares. ¿Se podrá apercibir lector ahora qué es lo que hay detrás de la «guerra de las vacunas» ?
Los cálculos estimativos realizados por la empresa suponen un aumento espectacular de más del 44% en relación con elpasado 2020. Y «su» vacuna representará una cuarta parte de las ventas. Con la venta exclusiva de la vacuna obtendrá unos beneficios de 4.000 millones de dólares. La multinacional Pfizer, que se ha erigido en las presentes circunstancias como un auténtico monopolio podrá atrapar la voluntad de los gobiernos extraordinariamente interesados en vacunar a su población lo antes posible.
EL CASO ISRAEL

En la mayoría de los medios de comunicación occidentales se han podido leer artículos realmente laudatorios en relación al contrato firmado entre esta firma multinacional y el gobierno de Israel. Sin embargo, en el contenido del mismo se evidencia la mezcla tóxica entre ganancias, geopolítica, salud y políticos que desean relumbrar. Un pequeño país como Israel que se convirtió repentinamente en campeón de vacunas a una velocidad récord, un inusitado celo que contrasta los vacilantes pasos de tortuga de las campañas de vacunación en la mayoría de los países de la Unión Europea…y no digamos del resto del mundo.
Surge, no obstante, una inevitable pregunta al respecto. ¿Cuáles son las razones subyacentes por las que una empresa como Pfizer ha concedido a un específico país el privilegio de abastecerse sin ningún tipo de problemas de vacunas? ¿Cuál es la trastienda política y económica que se esconde tras este llamativo privilegio? Y, por otra parte, en la lucha global contra la pandemia, ¿es realmente una buena la creación de diferentes velocidades, según se trate de un país u otro?
El pasado mes de enero, ya el director de la Organización Mundial de la Salud no dudó en responder a esta tercera pregunta. “Dejen de hacer tratos bilaterales”, dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus. No dio nombres, pero claramente estaba pensando en Israel y Pfizer.
En un mundo hiperconectado carece de sentido crear «islas» o «burbujas» en relación con los contagios de coronavirus. Esta semana científicos de la Universidad estadounidense de Duke dieron la voz de alarma sobre la situación en Brasil, que no solo es desastrosa para los brasileños, sino también una amenaza para todo el mundo.“¿Qué sentido tiene luchar contra la pandemia en Europa o en Estados Unidos si Brasil sigue siendo un caldo de cultivo del virus?”, se preguntaba el neurocientífico Miguel Nicolelis:
“Al permitir que el virus circule de esta manera, se abre la puerta a que surjan nuevas mutaciones y cepas aún más mortales”.
Y eso, exactamente, es lo que ha hecho Israel . El gobierno de ese país vacuna a su propia población, pero no da la vacuna a los habitantes de los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania. Es posible que usted haya leído aquí y allá sobre esta injusticia, pero hubo silencio sobre por qué una empresa como Pfizer concede a un país el privilegio de abastecerse sin problemas.
ARGENTINA, O LA OTRA CARA DE LA LUNA.
El acuerdo con Israel resultó ser para Pfizer solo una pequeña preparación piloto para las negociaciones con otros países. La Oficina Británica de Periodismo de Investigación reveló esta misma semana cómo está operando Pfizer en los países de América Latina. Los periodistas habían recabado información directa de fuentes del Ministerio de Salud argentino.
Pfizer deseaba suministrar la vacuna a Argentina, pero a cambio exigía que la empresa fuera inmune a posibles reclamaciones por daños. En octubre, en Argentina se votó una ley que lo hacía posible. Pero Pfizer consideró que la ley no iba lo suficientemente lejos para sus intereses. La empresa seguiría siendo responsable de sus propios errores durante el despliegue de la campaña de vacunación. El gobierno modificó la ley, pero aun así Pfizer no estuvo satisfecha y rompió las negociaciones.
El pasado diciembre, Pfizer presentó una nueva exigencia adicional. Argentina tendría que empeñar sus bases militares, embajadas y reservas del Banco Nacional, como garantía de la que podría disponer en caso de reclamaciones por daños y perjuicios.
Según dicen los funcionarios argentinos, la metodología utilizada por Pfizer le recordaba, como si de un calco se tratara, las negociaciones que ese país tuvo en el año 2001, en plena bancarrota, con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con las grandes financieras mundiales. En aquella ocasión, el FMI interrumpió la ayuda financiera a ese país porque su gobierno se negaba a cumplir unas condiciones tan, tan leoninas que equivaldrían a venderles la estructura del Estado a precio de saldo. Pfizer quiso utilizar ahora los mismos procedimientos que el FMI
La verdad es desde un punto de vista racional y humano esta encarnizada guerra las vacunas carece de sentido.En realidad nodebería de existir siquiera escasez en la producción vacunas. Bajo ningún concepto, las grandes multinacionales desean aprovechar la infinita capacidad de producción potencial que tiene conjunto del planeta. Los países pobres que están en perfectas condiciones de ponerse a producir vacunas, como ya está se sucediendo en relación con alguna marca. Pero no pueden hacerlo porque empresas como Pfizer se aferran obstinadamente a sus patentes. La producción de las vacunas es una operación relativamente sencilla, una vez que está despejada la clave de su composición. Esta es una dimensión del problema que los medios de comunicación evitan explicarnos. Pero la realidad es que no hay vacunas porque la propiedad de las patentes impiden su producción simultánea en múltiples países, como si la Ciencia y sus descubrimientos no fuera patrimonio histórico acumulado de toda la humanidad
Pero resulta aún más irritante cuando se descubre que todas las vacunas que ya están en el mercado han podido desarrollarse gracias al apoyo estatal recibido, que según aportan los datos, ha sido especialmente generoso. Sin ir más lejos, la empresa BioNTech, socia de Pfizer, percibió una ayuda de 445 millones de dólares del dinero de los contribuyentes.
Una práctica esta última nada nueva, por cierto. En los años más duros de la crisis económica de la que todavía no acabamos de salir, el Estado español – o sea, los contribuyentes – salvó de una estrepitosa bancarrota a la gran banca de este país. Sin embargo, esa misma banca no sólo no ha satisfecho aquella deuda contraída con la sociedad, sino que además aplica operaciones duramente onerosas, sin que nadie sea capaz de decirle «¡hasta aquí hemos llegado!».
¿No le subleva, lector, que se produzcan hechos como estos, cuando diariamente están muriendo miles de personas?