
¿Cuáles son los paralelismos históricos entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la fabricación de la Sputnik V en Europa?
Según informaron las agencias de prensa europeas, entre ellas las españolas, la llamada «vacuna rusa» Sputnik sea fabricada en Europa y en España. Nuestro colaborador Máximo Relti sugiere este artículo que el contenido de la noticia porta paralelismos plenamente reconocibles con el final de la Segunda Guerra Mundial. ¿En qué consisten tales similitudes? ¿Qué relación puede haber entre un acontecimiento que concluyó hace 75 años y la producción masiva de vacunas rusas en territorio europeo?
POR MÁXIMO RELTI PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-
Miren ustedes por dónde, después de muchos meses de perseverantes silencios, denuestos, descalificaciones, sospechas, infundios y otras supercherías, España fabricará en su propio territorio la temible vacuna rusa Sputnik V.
Para más inri, ni siquiera han sido fuentes oficiales españolas las que se han atrevido a anunciar tan «amenazante» noticia. Ha sido el Fondo de Inversión Directa de Rusia contra el COVID-19 el que se ha encargado de proporcionar la noticia de que la «vacuna rusa», como reiterada y despectivamente la denominaban nuestros sesudos tertulianos españoles a través de la casi totalidad de los medios de comunicación, será fabricada en diversos países de la Unión Europea, entre los que se encuentra España, Italia, Francia y Alemania.
El impactante anuncio se produjo después de que el citado Fondo alcanzara un acuerdo con la empresa farmacéutica suiza «Adienne» para fabricar el fármaco en su planta italiana. No se han proporcionado más detalles, sin embargo, respecto a los otros puntos geográficos donde se fabricarán en los países europeos citados.
Se equivocarían rotundamente los rusos del presente siglo XXI si llegaran a creer que esta vieja e imperial Europa occidental les agradecerá este «gesto» en el futuro. Después de, perseverantemente, haberse dedicado a lanzar toneladas de basura e infamias contra la «vacuna comunista», así como sobre la capacidad científica de Rusia para producirlas, ello constituiría un signo de humildad insólito en la tradicional e histórica prepotencia europea. Como ha podido demostrarse claramente a lo largo de la presente pandemia, la sapiencia, el ingenio y la capacidad para crear sólo es un atributo de esta Europa soberbia y despectiva con todo aquello que tenga lugar allende de sus fronteras y del «socio americano».

PARALELISMOS HISTÓRICOS
Hace casi 80 años, fueron los soviéticos de entonces los que tuvieron que cargar sobre sus hombros el peso de la derrota de la Alemania nazi. La Europa colonial fue arrasada en un pis-pás por los arrolladores avances del Ejército alemán. La refinada burguesía europea no tuvo el más mínimo reparo en besarle humildemente las botas al invasor hitleriano. Ahí figuran frescos todavía en las páginas de la Historia, los elocuentes testimonios de Bélgica, Noruega, Holanda y la Francia de Vichy. Hitler apenas necesitó de unos pocos meses para tragarse pantagruelicamente a toda la Europa occidental. Gracias a su condición de tales, sólo las Islas Británicas pudieron resistir los embates nazis.
La verdad histórica incontrovertible es que el peso de la guerra recayó en casi su totalidad sobre los «subhombres» eslavos –Hitler dixit– del Frente Oriental ruso, en el que los soviéticos de entonces perdieron la friolera de más de 20 millones de seres humanos para que la dignidad «europea» pudiera mantenerse en pie.
Pero un mágico día D, el seis de junio de 1944, menos de un añito antes de que concluyera la guerra en Europa, los estadounidenses desplegaron todo el peso de su maquinaria militar sobre las playas de Normandía. Lo pudieron hacer porque gracias a su pasada y ambigua neutralidad, su territorio se había visto libre de cualquier tipo de ataques por parte de las potencias del Eje.
Durante los primeros y duros años de la posguerra, para nadie era un secreto en el mundo occidental que la Segunda Guerra Mundial se había ganado gracias a la resistencia del pueblo ruso y de los avances del Ejército Rojo. Las encuestas realizadas entonces en Europa así lo indicaban. Pero esa justa percepción de la verdad histórica sólo duró hasta el mismo momento en el que en esta parte del planeta Hollywood fue convertida en la historiadora oficial de aquella terrible conflagración militar. A partir de entonces, poco a poco, lo blanco fue convertido en negro, y viceversa. Y sin réplica alguna, los intelectuales y académicos europeos empezaron a reproducir también lo que reflejaban las pantallas cinematográficas. El «Día D» pasó a ser la referencia de la victoria sobre la Alemania de Hitler. La toma de Berlín, en cambio, fue convertida en un repugnante asalto de los bárbaros a la fortaleza occidental.
Relatan hoy las encuestas que en la actualidad la mayoría de las generaciones postbelicas fueron persuadidas de que la Guerra mundial había sido ganada gracias a la participación estadounidense, aunque sus ejércitos sólo tuvieran 100.000 bajas durante todo el curso de la guerra. Una cifra inferior, por cierto, al número de personas que han muerto durante menos de 12 meses en ese país por efecto de la pandemia del coronavirus.
Decíamos hace unos párrafos, que los rusos de hoy debieran desterrar cualquier esperanza de que su «gesto» de permitir que los europeos produzcan la Sputnik V en su territorio, sea reconocida en el futuro con un sentimiento de agradecimiento. Vana esperanza, si la tuvieran. Con toda seguridad Hollywood se encargará de que no sea así. Sus series, films y documentales inocularán en las mentes de generaciones enteras de futuros europeos que fueron los norteamericanos los que liberaron a Europa de la plaga del coronavirus con un torrente de eficacísimas vacunas de Astrazeneca o Moderna. Y si, por alguna ignorada razón, no fuera así, tenga el lector la seguridad de que existirá entonces alguna aguerrida «División Azul» alternativa española, que se encargará de convencerlos de lo contrario, aunque sea recurriendo al pistoletazo limpio.