
Partido Comunista Marxista Leninista
Que las nubes de odio vertidas por falsos patriotas no nublen nuestros cielos, ante tales acciones, levantemos la bandera de la solidaridad.
Es justo entender que la migración existe desde los inicios de la humanidad. El hombre se mueve de un lugar a otro, dentro o fuera de su territorio de origen, por razones económicas, políticas, étnicas, religiosas, climáticas, entre otras.
De estas, las económicas y las políticas constituyen las principales causas de la migración haitiana, lo cual no ha de resultar extraño para nosotros que contamos con aproximadamente tres millones de dominicanos residiendo en el exterior y cuyas remesas ocupan un lugar importante en nuestro producto interno bruto (PIB), casi un 9 % de este.
Hacemos estas precisiones para referirnos a los conflictos generados en Friusa a raíz de las reclamaciones hechas por trabajadores haitianos a una empresa de la zona ligada a la construcción, la cual se niega a otorgarle el pago correspondiente a tres semanas de labores.
Se dice que igual suerte corren los inmigrantes haitianos que trabajan en las construcciones que operan allí, así como en gran parte del territorio nacional y que algunos patronos cometen la desfachatez de enviar militares a realizar el pago, consciente de que aquellos trabajadores que se hallan en condiciones ilegales no dirán presente al momento de llamarlos, por temor a una repatriación.
Pero este escándalo ha sido solo el detonante para la exacerbación de la antipatía que históricamente los sectores oligárquicos nos han inculcado, con el claro propósito de hacernos creer que son los inmigrantes haitianos, y no ellos, los responsables de nuestra desgracia.
En todo esto, claro está, están presentes también las maniobras del imperialismo estadounidense, en su estrategia de sembrar el odio entre naciones vecinas para luego pescar en río revuelto.
El detonante en cuestión, ha desbordado las aguas de los mares de la reacción y se levantan voces temerarias disfrazadas de patriotas llamando al respeto de la patria y de la soberanía, poniendo con sus acciones en peligro lo que dicen defender.
Para nadie es un secreto que si nuestra nación se halla con una elevada suma de inmigrantes haitianos se debe a que los diferentes gobiernos que hemos tenido, de manera reiterada, en beneficio de los empresarios, se han negado a aplicar la ley de migración establecida en nuestra Constitución.
Es un secreto a voces que los militares, que antes veían un traslado a la frontera como un castigo, hoy lo consideran como sacarse el loto. O sea, el “macuteo” ejercido allí para favorecer el paso de ilegales es fuente de fortuna para ciertas autoridades civiles y militares.
De manera que mientras este fenómeno social resulte lucrativo para autoridades civiles y militares de aquí y de Haití, así como para importantes empresarios nacionales, el mismo no acabará.
Con cada metátesis de la crisis haitiana se incrementa, en igual o mayor magnitud, su migración a suelo dominicano, exacerbándose, disfrazado de patriotismo, el racismo reinante en una buena parte de la población receptora.
En medio de esta nebulosa, gravita el interés del gobierno dominicano en querer sacar capital político al antihaitianismo existente de este lado de la isla, pues con ello logra desviar la atención de los problemas reales que gravitan sobre las espaldas de las grandes mayorías, tales como el alto costo de la canasta familiar, los apagones constantes, la inseguridad ciudadana, la baja calidad de los servicios públicos y otros no menos importantes.
Cabe resaltar que esta actitud, de querer aprovechar cualquier situación con los vecinos haitianos para fortalecerse políticamente, no es exclusiva de este gobierno, pues todos, en su momento, la han asumido; aún más: desde la oposición, los partidos tradicionales, también lo hacen para tildarle al de turno la responsabilidad de la presencia de los ilegales.
Ahora bien, nos gustaría escuchar de estos patrioteros algún pronunciamiento contra el imperialismo estadounidense, lesionador permanente de nuestra soberanía y dignidad nacional; pero no. Lo hacen solo cuando el gobierno de Estados Unidos nos acusa de maltrato a los inmigrantes haitianos, evidenciando con ello su verdadero sentimiento de apatía hacia los haitianos, fundamentalmente hacia los pobres, pues su actitud no es la misma con los adinerados de allí.
La salida correcta es exigirles a las autoridades el cumplimiento de la Ley de Migración y el cese del macuteo, y a los empresarios, salarios justos para los trabajadores de la ciudad y el campo, acorde al costo de la canasta familiar.
El enemigo común de los dos pueblos, haitianos y dominicanos son el imperialismo yanki, la oligarquía y los terratenientes, que nos explotan y se llevan nuestras riquezas no renovables. Los haitianos tienen que luchar en su territorio por construir un Estado independiente de toda potencia extranjera. Los dominicanos deben luchar contra el neocolonialismo, por un Estado de nueva democracia y contra el imperialismo yanki para salvar la nación dominicana.
Vamos patriotas, levantemos la bandera de la hermandad; no olvidar jamás que el futuro de nuestras dos naciones, a pesar de sus diferencias culturales, religiosas, étnicas y de cualesquiera otras índoles, está ligado a una misma causa: zafarnos de los lazos de la explotación de aquí y de allá para marchar por los caminos del desarrollo, como dos pueblos hermanos unidos en la diversidad.