
¿Por qué temía la CIA que los soviéticos trabajaran menos? ¿Puede una sociedad prosperar reduciendo su jornada laboral?
En plena Guerra Fría, la Unión Soviética puso en marcha una estrategia que desconcertó a Occidente: reducir la jornada laboral sin frenar el crecimiento. Más que una medida técnica, fue un paso hacia la emancipación del trabajo como forma de opresión.
POR CARLOS SERNA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG
No es habitual que un documento desclasificado o una serie de hilos virales en redes sociales te puedan cambiar la forma de entender la historia.
Pero a veces ocurre. Y eso es lo que ha pasado con un pequeño informe, redescubierto y puesto en circulación por usuarios que bucean en los archivos desclasificados de la CIA.
Hace apenas unas pocas fechas, el presidente Donald Trump dió vía libre a la desclasificación de miles de documentos relacionados tanto con el asesinato del expresidente John F. Kennedy, como otros informes de la CIA y del FBI en los que aparecen detalles sobre las investigaciones y operaciones que hasta el momento, habían permanecido bajo el hermético secreto de la clasificación.
La posibilidad de acceder a determinados archivos ha servido para reavivar el interés público y académico sobre determinados acontecimientos históricos de los que se desconocía cuál era el nivel de la participación de la CIA en los mismos.
A través de estas y otras desclasificaciones documentales, hoy hemos podido conocer que en el curso de los años 60, los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos estuvieron realmente preocupados por un hecho muy concreto. No era ningún tipo de nueva bomba atómica que los soviéticos estuvieran urdiendo construir. Tampoco un golpe de Estado en algún rincón del mundo. Era… que la Unión Soviética estaba reduciendo su jornada laboral. Y lo estaba haciendo sin hundir su economía ni sacrificar su poder militar.
«Trabajar menos y vivir mejor fue una apuesta política, no una utopía.»
Puede sonar raro. Pero el tema tiene todo el sentido del mundo. En plena Guerra Fría, mientras Washington apostaba por el consumismo, la publicidad y la productividad a toda costa, en Moscú se estaba cocinando un experimento que podía dinamitar el relato occidental del “progreso”.
Pero si los soviéticos conseguían que su gente trabajara menos, viviera mejor y, además, sostuvieran una economía industrial fuerte, eso podía hacer tambalear el imaginario de millones de personas. Podía significar que otro mundo era posible, y que ese mundo no necesitaba de explotadores.
LA IDEA QUE PUSO NERVIOSOS A LOS PODEROSOS
Según documentos e informes de la época, y tal como ha sido recopilado recientemente por activistas y divulgadores como @RTSG_Main, la URSS empezó a aplicar una reducción sistemática de las horas de trabajo a partir de 1956. La idea era llegar a una semana laboral de 30 horas en poco más de una década. Y no era una medida decorativa: implicaba duplicar el salario mínimo y liberar tiempo para que la gente pudiera estudiar, hacer deporte, participar en la vida política o, sencillamente, descansar.
El problema para el gobierno de Estados Unidos es que esto no encajaba con la lógica capitalista. En su visión, si una economía reduce las horas de trabajo, baja la productividad, y si baja la productividad, se colapsa el sistema. Pero lo que estaba ocurriendo en la URSS era justo lo contrario. Al poner un límite a la jornada, los planificadores soviéticos obligaban a los responsables de fábrica a ser más eficientes, introducir nuevas tecnologías, y aprovechar mejor los recursos humanos disponibles. ¿El resultado? La economía no se paraba. Se transformaba.
MENOS HORAS, MÁS DIGNIDAD
Este tipo de transformación tenía un objetivo muy claro: dignificar el tiempo de vida de la gente. No se trataba solo de producir más bienes, sino de ampliar las posibilidades de existencia de las personas. Que tu jornada terminara antes no era un premio; era una conquista. En la lógica soviética, el trabajo no debía ser una maldición eterna, sino una actividad socialmente útil que dejara espacio para el desarrollo integral del ser humano.
Lo había dicho claramente Marx en el primer volumen de El Capital: la emancipación del trabajo pasa por reducir el tiempo de trabajo necesario. Y lo que hizo la URSS en esa etapa fue intentar ponerlo en práctica.
En efecto, en 1956 se inició un proceso gradual para reducir la jornada laboral en la URSS. Para 1967, se implementó la «Pyatidnevka», es decir, una semana laboral de cinco días con dos días de descanso, lo que mejoró las condiciones laborales de los trabajadores soviéticos.
El derecho laboral soviético regulaba aspectos como la duración de la jornada laboral, que no podía superar las ocho horas en el trabajo diurno, las siete en el nocturno y las seis horas para menores de 18 años o en empleos más duros. Además, se establecían subsidios por desempleo y enfermedad, y se regulaban las condiciones de despido y periodos de prueba.
Antes de 1967, ya los trabajadores soviéticos tenían derecho a 12 días laborables de vacaciones pagadas, con tiempo adicional según las condiciones de trabajo. Después de 1967, las vacaciones básicas aumentaron a 15 días laborables, pudiendo sumar hasta 36 días dependiendo del lugar de trabajo, antigüedad y riesgos profesionales.
«La planificación económica obligó a innovar, no a explotar más.»
LA JORNADA LABORAL EN AQUELLOS AÑOS EN EN OCCIDENTE
Sin embargo, para disponer de una perpectiva comparativa que nos permita considerar los cambios que tuvieron lugar en la Unión Soviética de entonces, resulta preciso conocer cuáles eran los parámetros occidentales en aquellos mismos años.
Durante la década de 1960, la jornada laboral en España estaba regulada por las normativas del régimen franquista, estableciendo una duración máxima de 48 horas semanales, distribuidas en seis días laborables de ocho horas cada uno.
No obstante, es importante destacar que aunque la legislación establecía estas jornadas, en la práctica muchos trabajadores superaban estas horas debido a la realización de horas extras. Estas horas adicionales eran comunes y, en muchos casos, necesarias para complementar los bajos salarios de la época.
«Reducir el trabajo es ampliar la libertad humana.»
La reducción oficial de la jornada laboral en España comenzó a materializarse en años posteriores. En 1976, se redujo la jornada máxima de 48 a 44 horas semanales, y en 1983 se estableció la jornada de 40 horas semanales, junto con un mínimo de 30 días naturales de vacaciones anuales.
En esa misma década de los 60, la jornada laboral en Estados Unidos ya estaba establecida en 40 horas semanales, distribuidas en cinco días de trabajo con jornadas de ocho horas diarias. Este estándar se implementó oficialmente en 1940, tras la aprobación de la Ley de Normas Laborales Justas (Fair Labor Standards Act) en 1938, que inicialmente estableció una semana laboral de 44 horas y posteriormente se redujo a 40 horas.
Es importante destacar, sin embargo, que aunque la jornada laboral estándar era de 40 horas semanales, en la práctica, la inmensa mayoría de los asalariados norteamericanos superaban este límite debido a la realización de horas extras, necesarias para complementar los ingresos.
¿POR QUÉ ESO MOLESTABA TANTO?
En el fondo el miedo que se mostraba en los papeles desclasificados de la CIA no era técnico, era ideológico. Si el experimento funcionaba, y parecía que sí, desmontaba el mito central del capitalismo: que solo a través de la competencia y la sobreexplotación se puede alcanzar el bienestar.
Para el establishment estadounidense, la URSS no era un peligro solo por sus misiles, sino por la posibilidad de que demostrara que el trabajo no tenía por qué dominar la vida de los seres humanos.
FUENTES UTILIZADAS:
https://threadreaderapp.com/thread/1906440447318495521.html
Testimonios y referencias extraídas de medios soviéticos archivados (como Pravda) y recopilaciones académicas sobre el modelo laboral de la URSS.
Contextualización adicional consultada en JSTOR y artículos del historiador Moshe Lewin sobre la economía soviética.