Especial para Quisqueyaseralibr.com
Avanza. No se detiene. Apunta a todos los niveles del cuerpo social como la fiebre que abraza, convierte el aire en peligro. Obliga a perder libertades, alientos y voces. Se trata de un proceso que hace presión al hábito de vida. Miedo al contagio. A la infección que daña el cuerpo, la mente fragmentada, la pérdida del vínculo social. Todo ligado a múltiples relatos peligrosos. La experiencia viral es biológica La furia viral es política. Insiste en la violencia natural contra el organismo ideológico y público. El sujeto social advierte el peligro y reacciona. Responde al reto de esa microscópica entidad. No acusa a la pandemia solamente, sino también al Estado, a la ciencia llamada normativa, fáctica, metódica, experimental, precaria, ignorante de realidades y soluciones efectivas.
La furia viral se expresa en la pandemia que es su modo agentivo. Lo que podemos verificar en el cine y en la novela de ciencia-ficción, galáctica, intergaláctica y mundializadora. El diálogo cine-novela es hoy la gran pandemia. La furia de las imágenes en movimiento ataca todos los sentidos y en todos los sentidos, tal y como podemos percibir en películas como M: 1-2, Misión imposible, dirigida por John Woo; Una noche para sobrevivir, dirigida por Jaume Collet Serra; La isla siniestra, de Martin Scorsese; Matrix, de Lana y Lilly Wachowski; Gravity, de Alfonso Cuarón; La guerra de los mundos, de Steven Spielberg, y otras de diferentes registros fantásticos.
Los puntales ideológicos del covid-19, obligan hoy a una reflexión y a reconocer también una tensión. Se trata, como hemos podido observar, de una crisis epistemológica del discurso médico y de los diversos registros de las disciplinas de la salud. Tal y como señalaba Foucault en El nacimiento de la clínica (1963), la práctica médica y la historia del pensamiento clínico dialogan mediante una visión diasincrónica.
En efecto, la síntesis de un discurso biomédico, en esta etapa de puesta en marcha de experiencias especializadas de cura, explora líneas aproximativas de método. Lo que implica un proceso anómalo de aplicación en tiempo de catástrofes y mortales enfermedades. Los ejemplos de datos manipulados sobre la furia viral los encontramos en los diferentes tableros estadísticos que ofrecen los diferentes medios de información e infográficos del país. Toda esta épica de la información noticiosa constituye un vector crítico que solicita varias respuestas que inciden en la ciudadanía como actitud de marca, y, o fuerza de acción pública e individual.
Así pues, las diversas cardinales ideológicas, sociales y políticas del discurso médico e institucional presentan un mapa de la enfermedad que a la vez promueve una incertidumbre marcada por un sello amenazador del espacio público y privado del país. Todo el engranaje que propicia la fiebre y la furia virales se justifica en la violencia de la interpretación del archivo histórico de la práctica médica y clínica. Lo que indica hoy un trayecto epistémico fallido en el marco de una o varias soluciones para responder a la crisis creada por la aparición del covid-19 y sus efectos devastadores.
Toda una literatura supuestamente especializada y que surge como explicación del fenómeno coronavirus va construyendo, a medida que avanza la pandemia, un universo confuso de líneas erráticas que inciden en la población urbana y rural del país. Toda vez que la falta de soluciones económicas, operativas y logísticas al respecto, desocializa al sujeto público y privado carente hasta el momento de una respuesta y una acción efectiva con respecto al fenómeno en cuestión.
Es evidente que la crisis del discurso oficialista propicia cada vez más la respuesta en varias cardinales o direcciones de la población adulta, a medida que se hace visible el manto simulador de una política gubernamental maquillada por soluciones electorales y politiqueras orientadas a la “ayuda” humanitaria. Un mecanismo de distorsión de dichas imágenes públicas provenientes del oficialismo perturba y a la vez presenta un aparato de fórmulas enmascaradas de supuestas acciones que desmovilizan al sujeto sociocultural del país y lo recluyen como ente “virtual” de una falsa acción social.
La furia viral, entonces, crece, avanza, obliga a la respuesta, a la diferencia política encaminada al cambio, a un nivel responsivo intenso que no renuncia a la idea de subversión en el espacio variado de la subcultura y de algunos sectores de la clase media. Cada vez más avanza la mirada resistente hacia una respuesta concentrada de acción en libertad y necesidad de participación pública.