Este autor de ensayos, poemas e investigaciones también es un experimentado educador

Mientras continúan los embates de la pandemia provocada por el coronavirus, el intelectual y escritor Odalís Pérez tiene motivos para creer que no todas las repercusiones de este acontecimiento serán negativas y que hay razones para esperar resultados favorables en los ámbitos en que sentó reales hace varias décadas.
Comprometido con la cultura y las artes, el educador, poeta y crítico literario, miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua y de la Academia de Ciencias, es un hombre de posturas recias y revela que se dijo a mí mismo que, desde que cumpliera cincuenta año, no iba a almacenar cosas que le preocuparan o molestaran, “caiga quien caiga”.
Pérez no duda en afirmar que rechaza a los escritores taimados, adulones, relumbrones, “gruperos”, oportunistas, demagogos, cabilderos, creadores de falsas famas, trepadores, lamedores, saltarines, provocadores, buscones, que se han dedicado a autopromoverse sin calidad alguna.
Así, con la rotundidad que lo particulariza, Pérez respondió preguntas para Diario Libre sobre el momento actual, su dilatada trayectoria y sus visiones acerca de la literatura y la cultura dominicanas.
Evidentemente que sí. Pero muchos creerán que solo serán negativas. Creo que serán también positivas, debido a que el imaginario nacional y mundial ha abierto muchos casilleros hasta hoy inexplorados. Pienso en ese mundo de humor trágico, humor negro, chistes venenosos, ironía chocante y paradójica del dominicano en los barrios del país, de la capital, a propósito de la pandemia del COVID-19. El ambiente literario ya está arrojando señales que debemos tener en cuenta para futuros proyectos dialógicos, literarios y culturale
Salvo los casos de conocida precariedad y mediocridad de obras y autores, se está dando un fenómeno importante en el país, y es que está surgiendo una literatura seria, alimentada y retroalimentada por nuevos lenguajes y poéticas de rupturas que se están expresando mediante búsquedas de nuevos registros expresivos y temáticos de gran calidad salidos de talleres de jóvenes escritores que escriben novelas, cuentos, performance, dramaturgias fílmicas, teatrales, coreográficas, ensayos de todo tipo, crónicas literarias, con buen nivel de calidad.
Hacia la búsqueda permanente de su práctica, definición, divulgación y también a los testimonios de vida, las escrituras híbridas, las zonas prohibidas de la cultura urbana o rural, a la mezcla de géneros tradicionales; debe orientarse hoy, más que nunca, hacia la diversidad como base del laboratorio experimental y cultural para favorecer imaginarios realistas, fantásticos, identitarios, mágicos, políticos, digitales, subculturales, desafiantes, contraculturales y otros que esperan ser desarrollados por escritores críticos, lúcidos y talentosos.
Con todos. Pues en todos acudo a las experiencias creadoras, dialógicas y críticas de la cultura.
No le exijo nada a la poesía, pues al momento de iniciar o disponerme a crear un poema, me siento habitado por el mismo. Desde el poema hago todo en mi vida. No necesito comodidades, ni discursos teóricos o críticos que me indiquen lo que debo o no debo hacer. Solo me llevo de mi impulso creador y mi actitud de creación, pues para mí el poema es el mundo que busco y construyo para vivir libre y diferenciado.
Debe enfocarse en su “querer hacer” y en su aventura de lengua o lenguaje. Pienso que el escritor debe ser un ente autónomo y un libre creador dispuesto a conformar o reconformar su mundo interno y sobre todo, su mirada individual.
El buen poema no necesita de franqueadores “grupales”, promocionales, generacionales, familiares y otros que por nuestro lar nativo abundan y se dan silvestres. Desde que ve la luz, el buen o gran poema incide y va creciendo con la lectura.
Ante todo, motivación, consciencia, búsqueda y rigor. Me inscribo normalmente en una hermenéutica de la lectura que sea participante de una doxa o juicio crítico de la experiencia, la memoria y el texto como tal. Pero también me inclino por el diálogo con el lector.
¡No puedo pedirle más cosas, porque si no, estallo!
Con parámetros críticos, rigurosos, neoempiristas; unas veces severos, a veces inmanentes y otras veces contextuales.
Trabajo a favor de una hermenéutica de la presencia en libertad. No respeto, ni le hago altares a figuras prefabricadas de “cartón-piedra”, ni a compromisos llamados grupales, promocionales o generacionales, porque sé muy bien cómo es que funcionan en este pais y en otros de Hispanoamérica. Como bien sabes, Emilia, me he visto o he participado en polémicas con poetas, críticos, funcionarios culturales del oficialismo, políticos, educadores y personalidades del medio cultural dominicano por lo que digo, pienso y como lo digo. Pues me “dije” a mí mismo que desde que cumpliera cincuenta años, no iba a almacenar cosas que me preocuparan o molestaran, “caiga quien caiga”. Pero siempre he procurado ser justo en mis juicios y visiones sobre la “cosa” cultural, literaria y filosófica del país dominicano.
Ya lo he escrito y expuesto en entrevistas que me han hecho amigos periodistas (Clara Silvestre, Lorenzo Encarnación, Luis Beiro Alvarez, Armando Alvarez Bravo, Eugenio García Cuevas, José Arias y otros que no me llegan ahora a la memoria.
Muchos.
Para bien. Los leo. Los admiro, pero no los imito, como hacen los escritores “parásitos” del país.
Seguir o proseguir con mis proyectos literarios, artísticos, académicos, críticos y editoriales.
Dominicanos: Franklin Mieses Burgos, Domingo Moreno Jimenes, Manuel del Cabral, Antonio Fernández Spencer, Alexis Gómez Rosa, Roberto Marcallé Abreu, Frank Báez, Marcio Veloz Maggiolo, Arturo Rodríguez Fernández, Manuel García Cartagena, Luis Reynaldo Pérez, Ivan García Guerra, Eugenio García Cuevas, y otros. Mundiales: muchísimos…
Como el grupo es un poco amplio y ya el lectorado los conoce por mis críticas, me referiré a ellos por sus funciones antiéticas y amorales. Rechazo a los escritores taimados, adulones, relumbrones, “gruperos”, oportunistas, demagogos, cabilderos, creadores de falsas famas, trepadores, lamedores, saltarines, provocadores, buscones, que se han dedicado a autopromoverse sin calidad alguna.
Mi más reciente libro de poesía publicado es Planetario (2017). No me gusta decir nada sobre mi poesía, pues deben ser críticos, estudiosos, historiadores o teóricos del poema los que deben explicar mi poesía. Pero con este libro me propuse explorar la ritualidad poética y la oralidad poética que se han perdido en los últimos tiempos en el país y en Iberoamérica. Mi aventura en Planetario hay que “leerla”, esto es, hay que ir, volver, entrar o acercarse al texto, mediante la concentración de sentido.

Odalís G. Pérez es un investigador destacado por sus trabajos y estudios en el área de las Humanidades y por sus creaciones poéticas y artísticas. Su labor en el país ha sido reconocida en el ámbito educativo, debido a su magisterio a nivel medio, universitario y postuniversitario.
Es doctor en Filología y Semiótica por la Universidad de Bucarest, Rumania, se ha ocupado de conformar equipos de estudios culturales en la República Dominicana y lo Estados Unidos de América, difundiendo la cultura dominicana en sus variados ámbitos de producción intelectual (Literatura, Filosofía, Lingüística, Arte, Historia).
Fue director por seis años de la Escuela de Crítica e Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (Facultad de Artes, período 2009-2014). En la actualidad es director de la Dirección de Postgrado y Educación Permanente de la Facultad de Arte.
Ha publicado númerosas obras, entre ellas: Las ideas literarias en la República Dominicana (1993), Semiótica de la Prensa (1999); La Ideología Rota (2002); Nacionalismo y Cultura en República Dominicana (2003); La Identidad Negada (2003); República Dominicana. El mito político de las palabras (2004); Literatura Dominicana y memoria cultural (2005); Principios de Estética y Educación Artística (2005); El Espacio de los signos (2005); Sócrates Barinas Coiscou. El tiempo de la poesía y la memoria (2007); Víctor Villegas y La voz, la memoria, los tiempos del lenguaje (2008).
Como poeta ha publicado: Habitácula (1987); La Pirámide en el hombro del dios (1988); Papeles del Eterno (1999); Tímpano terrestre, (2013); Duarte melancólico (2013); Perro no come perro (2015).