Los muertos de La Pañoleta empiezan a hablar

GREGORIO CERRO QUINTANILLA / Andalucesdiario
Restos de personas asesinadas durante la represión franquista. // LAURA LEÓNRestos de personas Restos de personas asesinadas durante la represión franquista. // LAURA LEÓN

“Mi padre salió de su pueblo como un minero y vuelve como un valiente”. La frase es de Lida (84 años), hija de uno de los represaliados en los sucesos de La Pañoleta cuyos restos, junto a los de nueve víctimas más, acaban de ser exhumados en el municipio sevillano de Camas. Los suyos, además, fueron identificados en 1936 gracias a un carné que permitió poner nombre y apellidos al cadáver: Francisco Salgado Mariano. Tenía 35 años, dos hijos pequeños y trabajaba como cargador de piqueras de la Compañía Minera de Riotinto. Ahora, el análisis antropológico coincide con los datos extraídos de la autopsia practicada horas después de su muerte, causada por una hiperemia cerebral. Una explosión de dinamita tras un disparo procedente de guardias civiles al servicio de Queipo de Llano le provocó una fractura en la base izquierda del cráneo. Sin embargo, las similitudes forenses no son suficientes para que Lida vea cumplido su anhelo.

La normativa requiere de una prueba de ADN para que Lida pueda hacerse con los restos de su padre, algo a lo que ya se ha prestado mediante una muestra de saliva y sangre. “Esto que me está pasando es muy grande. Por nada del mundo me podía imaginar que encontraría los restos de mi padre tantos años después. Quiero que vuelva de donde salió y que descanse junto a su hijo, que por desgracia no ha podido vivir todo esto”, reflexiona.

LA VOZ DE ALARMA

El papel de su padre en los hechos, además, resultó crucial en el episodio de La Pañoleta, sobre el que ha pesado una leyenda maldita alimentada durante décadas por el Franquismo y silenciado, después, en la etapa democrática. Francisco Salgado Mariano, que formaba parte de la columna reclutada en Huelva por dirigentes republicanos para hacer frente a al golpe militar que acaba de triunfar en la capital hispalense, sobrevivió a la emboscada de quienes debían acompañarles en la supuesta misión y se arrastró moribundo hasta el municipio más cercano –Camas- para dar la voz de alarma tras la escabechina.

Gracias a su milagrosa llegada (falleció nada más alcanzar el Ayuntamiento) un juez pudo poner negro sobre blanco lo sucedido, una documentación que incluye los informes forenses posteriores de los nueve fallecidos localizados en la zona. “El atestado habla por sí solo. El alcance de la detonación fue brutal y generó la pérdida de buena parte de los restos. El estado en que hallaron los cuerpos era lamentable. Ninguno de ellos lo conservaba al completo y sólo cinco mineros pudieron ser identificados”, recuerda Rafael Adamuz, periodista y autor de La Memoria Varada, la novela que recrea los hechos y el juicio posterior al que sometieron a los detenidos, que finalmente fueron condenados a muerte por rebelión militar.

EL EXPENDIENTE 95/36

Esa documentación, incluida en el expediente militar 95/36 que conserva el Archivo de la Memoria Histórica de Huelva, ha sido clave en los trabajos de exhumación, centrados ahora -tras el levantamiento individual de los cuerpos- en los estudios antropológicos. “Esto nos está permitiendo destacar los traumatismos peri morten, es decir, las lesiones producidas en torno al momento de la muerte y que en muchos casos coinciden con las notas de las autopsias que practicaron en su momento”, explica Andrés Fernández, director de los trabajos.

Mineros detenidos en Sevilla en 1936. // ICAS-SAHP. FOTOTECA MUNICIPAL DE SEVILLA. ARCHIVO SERRANO.

Junto a él trabaja desde abril un equipo de cinco personas en un laboratorio habilitado en dependencias municipales próximas al antiguo cementerio de Camas, convertido después en un parque que ha sufrido diferentes catas hasta dar con la fosa en cuestión, de siete por dos metros. Y con los féretros, algo inaudito en la historia reciente -y breve- de las exhumaciones en España: “No es lo usual. Camas fue tomada el 23 de julio. En ese periodo anterior la legislación vigente era la republicana y tuvieron el tratamiento de cualquier mortal que pierde la vida”, destaca Fernández. Si les hubiesen dado sepultura horas después -cuando los militares alcanzaron el Aljarafe sevillano y, con ello, el pueblo de Camas- sus cuerpos yacerían entremezclados bajo tierra en un cóctel de huesos, gusanos y retales.

TAN LEJOS, TAN CERCA

Como Lida, dos descendientes de José Palma Pedrero -otro de los mineros emboscados que pudieron ser identificados- aguardan con impaciencia la culminación de los trabajos. Se trata de Nely Bravo y Pilar Comendeiro, residentes en EEUU y Argentina. Desde las antípodas de Andalucía, ambas siguen muy de cerca los trabajos dirigidos por Andrés Fernández. Fue, precisamente, un encuentro fortuito de una de ellas con el antropólogo forense la mecha que encendió el proyecto de Camas, auspiciado por su Ayuntamiento y por la Dirección General de Memoria Histórica de la Junta de Andalucía. “Nunca llegué a conocer a mi tío y siempre me faltó. Me dijeron que había muerto de una apendicitis”, recuerda, desde América, Nely. “Sabía que mis abuelos nunca recuperaron el cuerpo de su hijo por más que lo pidieron y tampoco me interesé nunca en averiguar sobre el tema porque para mí era una causa perdida”, rememora vía email Pilar, que ve luz al final del túnel desde el primer contacto con España: “Han pasado casi cuatro años desde entonces y finalmente estamos viendo el fruto de nuestro esfuerzo y de la ayuda que recibimos de muchísima gente, tanto de las distintas agrupaciones, como de periodistas y particulares, algunos de estos últimos que aún están buscando un ser querido sin éxito”. El próximo paso para ellas será la toma de muestras genéticas.

Es cierto. Ellas son unas afortunadas. De las nueve víctimas, cuatro quedaron sin identificar. “Estamos contactando de forma paralela con los familiares para después cotejar las muestras con los restos, lo que supondría cicatrizar la herida, que estas familias descansaran y tuvieran la tranquilidad de recuperar a sus seres queridos”, apunta Fernández. Con respecto a los cuerpos que quedaron huérfanos de nombre, las asociaciones de Memoria Histórica de la comarca se están encargando de facilitar al grupo de trabajo los datos de represaliados en la cuenca minera con paradero desconocido. Si algunas de las edades coinciden, se abrirá una puerta más a la identificación.

EL LABORATORIO

Mientras culmina el proyecto, los trabajos prosiguen sin descanso en el laboratorio improvisado de Camas. Faltan seis cuerpos por analizar. Una vez que finalice, los restos permanecerán custodiados de forma provisional en el nuevo cementerio, bajo la tutela del consistorio. En ese tiempo, se conocerán los resultados de las pruebas de ADN a Lida y si estos, como es de prever, coinciden con los huesos que atribuyen a su padre.
“Cuando me proponen ser director de este proyecto lo afrontamos como un reto. Es indescriptible el trato, la mirada y la forma que tiene de darnos las gracias. Esto hace que des el doscientos por cien”, destaca Fernández, que lleva centenares de cadáveres exhumados a sus espaldas aunque ninguno como éstos. La historia que protagonizaron, su destino y el proceso judicial posterior al que se sometió a los supervivientes -el mayor en los albores del Franquismo- les hace especiales ocho décadas después, el tiempo que ha tenido que transcurrir para que los muertos de La Pañoleta hayan hablado por primera vez.

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