Africanía: coralidad musical y danzaria – 1

Africanía: coralidad musical y danzaria – 1

Por Odalís G. Pérez

Especial para Quisqueyaseralibre.com

Existe una coralidad musical  y danzaria en el contexto de la producción cultural afroamericana, generadora de ritmos y bailes que se interpretan como  parte de un proceso de formación etnosimbólico y donde se crean espacios poéticos, musicales, sonoros, vocales y coreográficos. Estos espacios resignifican en el tiempo las diversas temáticas, raíces y formas mediante los códigos semióticos que dan lugar a expresiones artísticas a veces prototipales y a veces originarias.

Lo que surge del sincretismo musical afro-americano y principalmente caribeño es la visión significante y significativa que enuncia sus propias escenas imaginarias y además sus propias imágenes de mundos a través de codificaciones poético-espaciales y sonoro-musicales que cobran su valor en la escena de la cultura continental y en la memoria cultural del Caribe.

Es así como surgen expresiones corales, danzarias y teatrales en el palenque colombiano, en las favelas brasileñas, en los llanos venezolanos, en los ángulos rurales y pueblerinos borinqueños, en el viejo y nuevo monte cubano, en los bateyes y localidades rurales dominicanas, en los barrios jamaiquinos y en los espacios rurales martiniqueños, en Curazao, Trinidad, Aruba y otras regiones del Caribe insular, donde la neocriollización se va desarrollando en un espacio significante, sincrético que produce aquellos mecanismos y expresiones vocales, danzarias y grupales que se reconocen en una identidad plural  y poética dentro de lo neocriollo  como cultura en movimiento.

Los antecedentes simbólicos orichas, yoruba o dahomeyanos, mezclan fiesta, culto, religiosidad y oralidad, utilizando también, diversas escalas de interpretación vocal e interpretación  corporal donde el proceso intensivo de la coralidad se expresa desde las formas dinámicas de la insularidad caribeña. Todo esto genera lo carnavalesco, la polifonía criolla, la polivocalidad, la polisemia verbal y sonoro-musical, el coro sacroprofano y la coreografía como sistema rítmico-musical, gestual, polimedial y espectacular. (Ver en este sentido algunas consideraciones en la culturología propuesta por Manuel Zapata Olivella (ver, Por los senderos de los ancestros. Compilación y presentación de Alfonso Múnera, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2013).

Las combinaciones de este tipo de coralidad musical y danzaria se justifican en un mundo donde los núcleos expresivos se reconocen en: 1) una sintaxis musical, 2) una sintaxis espacial, 3) una sintaxis corporal, 4) una sintaxis verbo-visual y 5) una sintaxis cultural. Todas esas relaciones sígnicas e intersígnicas, dan lugar a una macrosintaxis espectacular articulada sobre la base de niveles simples, compuestos y complejos de relaciones, de tal manera que los diversos conductos expresivos funcionan en este caso como códigos abiertos y códigos cerrados en el marco interpretativo y comprensivo de la expresión danzario-musical y poético-cultural.

Definir y explicar las estructuras y funciones de este tipo de coralidad, implica acceder a fuentes, textos, líneas de trabajo artístico-cultural, visiones etnomusicológicas, performances culturales, tendencias rítmicas, expresiones que, como la salsa, la guaracha, el rap, el hip-hop, el reggaetón y otras van conquistando cada vez más espacios de expresión poético-musical y sobre todo coreografías, polivocalidades y ritmos poéticos direccionales.

Se trata cada vez más de asimilar las posibilidades de una semiótica de la música, de los espacios sonoros, de la retórica danzaria, de los cruces o entrecruces entre palabra, gesto, tiempo y raíces, de tal manera que lo que se pronuncia y se reconoce como concepción y comprensión de los signos y símbolos culturales, se hace cada vez más visible y sensible en el arqueado generador de la cultura y el cuerpo-lenguaje del sujeto.(Véanse en este sentido las imágenes poéticas y corales ofrecidas por Manuel Zapata Olivella en Changó, El Gran Putas, Eds. Ministerio de Cultura de Colombia, Bogotá, 2010).

Todo lo que se condensa en este sentido en el discurso musical afro-americano y específicamente caribeño, es la intención de mantener sus vínculos de cultura con los orígenes memoriales, conformando lo que podríamos llamar el texto-raíz. El mismo surge de la cultura-movimiento, de sus transformaciones, vocalidades, polivocalidades, encuentros y desencuentros que logran estructurar, dinamizar, reconstruir y pluralizar la significación artístico-cultural y particularmente danzario-musical.

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