Víctor Jara: ¡su canto levanta las banderas de la clase obrera!

Víctor Jara: ¡su canto levanta las banderas de la clase obrera!

Las letras de Víctor Jara nos tocan inmediatamente al oírlas, señal que los acontecimientos y las motivaciones que les dieron forma son todavía plenamente vigentes. Su música llama a la reflexión y la acción, que combina la tradición de la música popular y el sentimiento de los colonos 1 , obreros y campesinos, que revela cómo una canción puede ser un arma poderosa de la lucha, un instrumento que refuerza la decisión colectiva para lograr un reino necesaria de justicia e igualdad.

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Víctor Jara nació en la provincia de Ñuble el 28 de septiembre de 1932, y poco después su familia se mudó a Lonquén, localidad situada a 80 Km de Santiago. Lonquén y las tierras circundantes pertenecían casi en su totalidad a la familia Ruiz-Tagle, una familia latifundista inmensamente rica perteneciente a las clases dominantes chilenas, que organizaba sus dominios de un modo casi feudal. Cuando tenía 12 años, su familia viajó a la capital y allí Víctor aprendió a tocar la guitarra con un profesor rural que fue su vecino en Santiago.

Como cantante, Víctor buscaba reflejar la vida y los sentimientos de los campesinos y, con ello, combatir también la invasión cultural yanqui. Es por eso que, a mediados de la década de 1950, volvió al campo durante los veranos para compartir y aprender con los campesinos sus tradiciones y su música.

Era una época cargada de una creciente agitación política que se extendía por Chile y por toda América Latina. Los obreros y campesinos habían expulsado a la burguesía y al imperialismo de Cuba mostrando, además de los desvíos posteriores, que una revolución era posible en nuestro continente.

En ese contexto, Víctor Jara formaba parte de un conjunto de artistas que se disponía a romper con la visión patronal del folclore, que mostraba el campo chileno a la imagen y semejanza del latifundista. Así que se unió al conjunto Cuncumén, que se centró en el folclore y cantó a los trabajadores, los sindicatos, Penas 2 y escuelas primarias.

DE LA TRADICIÓN CAMPESINA A LOS PROBLEMAS URBANOS

En 1965, Víctor se incorpora a la Peña Parra, iniciativa de Isabel y Ángel Parra (ambos hijos de Violeta), trabajando durante cinco años con otros artistas que sería impulsar el movimiento de lo que más tarde se llamaría la Nueva Canción Chilena . En la Peña los artistas expresaban sus deseos del término del régimen capitalista, reivindicando la experiencia de la revolución cubana, e impulsaban un sentido de unidad de los pueblos latinoamericanos en contra del imperialismo yanqui.

Eran tiempos del gobierno de Eduardo Frei Montalva (Demócrata Cristiano), que había prometido mejorar las condiciones de vida de los más pobres mediante viviendas, reforma agraria y reformas económicas. Pero estas promesas pronto se vieron reducidas a las palabras. En 1965, la policía fue enviada a la localidad de El Salvador para reprimir una huelga disparando contra mineros que se habían refugiado en un sindicato. Lo mismo podría ocurrir más tarde en Puerto Montt contra colonosque habían tomado un terreno buscando solucionar su problema de vivienda, mostrando claramente qué intereses servían a los democristianos. Ambos hechos inspiraron a Víctor Jara para crear canciones de denuncia como “Soldado, no me dispares (Soldado, no disparar en mí)” y “Preguntas por Puerto Montt”. Así sus canciones se volvían políticas, buscando despertar la conciencia ante las injusticias, denunciando frente a la indiferencia y la censura.

En 1969, en el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, Víctor presentó “Plegaria a un labrador (Prece a un labrador)”, una obra maestra de Víctor que baja el idealismo de la religiosidad a la realidad humana. No es una oración de un campesino a Dios para pedirle que termine con las injusticias, sino una exaltación de la capacidad de los hombres, de los explotados, de unirse y, con ayuda del fusil, construir su propio futuro de justicia e igualdad.

VÍCTOR JARA Y LA VIOLENCIA REVOLUCIONARIA

Víctor reconocía la vía violenta, la revolución armada, como una forma de terminar con las injusticias de la sociedad capitalista, y canta a las guerrillas latinoamericanas como en “Para Cochabamba me voy” (1968). Pero el Partido Comunista Chileno seguía la línea soviética de “coexistencia pacífica con el imperialismo norteamericano”, adoptada tras la celebración de la revolución cubana, y que significaba que no se impulsar nuevas revoluciones armadas en América Latina, pues este continente correspondía a una ” zona de influencia “de USA.

Así, el falso PC desarrolló una “vía chilena para el socialismo”, aceptando las reglas de la legalidad que la gran burguesía y la clase latifundista habían creado para defender sus propios intereses. Se levanta de esta forma el proyecto de la Unidad Popular, que concurriría en las elecciones de 1970, teniendo Salvador Allende (Partido Socialista) como candidato.

Víctor Jara era un disciplinado militante de las Juventudes Comunistas, y como tal aceptó la vía electoral.

A BALA

Sin embargo, ya a principios de 1973, los acontecimientos políticos anunciaban el irremediable fracaso del proyecto de la vía pacífica al socialismo, y en las canciones de Víctor se encuentra la denuncia de las intenciones golpistas de los sectores políticos chilenos más rancios junto al gobierno norteamericano.

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Ante estos anunciados acontecimientos se presentaban dos vías: mantener al gobierno dentro de una legalidad que no beneficiaba la necesaria construcción socialista o lanzarse en la defensa armada de las conquistas que hasta entonces habían obtenido, considerando una masa de obreros y campesinos que, siguiendo el proyecto de la Unidad Popular, nunca habían sido preparados para ello.

El Partido Comunista, que no estaba por la revolución armada, se lanzó en una campaña de “No a la guerra civil”, la cual Víctor Jara apoyó como militante, participando en programas de la Televisión Nacional, musicalizando un poema de Neruda “Aquí me quedo (Aquí “fico)” y cumpliendo otras tareas, como al componer la “Marcha de los trabajadores de la construcción”, que contribuía a mantener los ánimos altos.

Pero en sus presentaciones en vivo afloraba su permanente conflicto respecto a la violencia revolucionaria y cantaba con fuerza “La bala”, adaptación suya de una canción popular venezolana que denuncia duramente la iglesia conservadora, el imperialismo yanqui y las clases adineradas, que por años han engañado, reprimido y asesinado campesinos, y cómo han encontrado resistencia por parte del pueblo. Por eso concluye sentenciando que la bala “no es mala, sólo depende de cuándo y quién la dispara”.

Sus ideas, que impulsaban la urgencia de cambios revolucionarios, propias de la clase de la cual provenía y representaba, entraban en contradicción con la fidelidad que sentía por la Unidad Popular.

Fue este conflicto que Víctor Jara no pudo resolver antes de ser torturado y asesinado, el 16 de septiembre de 1973, por el gobierno militar fascista. Pero la verdad es que el canto popular tuvo en su persona un gran representante, que reconocía el poder de la canción como arma de lucha y lo supo usar hasta el último minuto de vida. Pero tal como él mismo reconocía en 1972 en un concierto en Cuba:

“… para ese negocio de revolución hay que estar preparado, ¿verdad? Y cuando llegue el día, habrá que cambiar la guitarra por el fusil … ”


notas:

1 – Los colonos son las masas de los residentes Poblaciones, barrios pobres de Chile. Se asemeja a moradores de periferia, en Brasil.

2 – Peña: “encuentro entre hermanos,” origen mapuche significado de la palabra, sino que se ha desarrollado en algunos países de América Latina para designar a un evento social en el que participan cantantes, poetas, bailes y orquestas populares cuerpos presentan sus obras al público generalmente en recintos pequeños y simples.

 

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