Stalin y el “Culto de la Personalidad”

Stalin y el “Culto de la Personalidad”

El 6 de diciembre de 1879 nacía I.V. Stalin, la persona seguramente más controvertida de la historia contemporánea. Desde el fallecimiento de V.I. Lenin hasta su muerte, capitaneó la lucha de la clase obrera internacional por su liberación de la explotación capitalista, por el comunismo. Y lo hizo con tal acierto que fue el período en el que más millones de personas de diversas clases sociales en todo el mundo pusieron sus voluntades y sus vidas de parte del proletariado, contra los monstruos del imperialismo y del fascismo. Porque, en aquel entonces, aunque la izquierda cometiera errores, estaba claro que los monstruos eran todos vástagos del capitalismo caduco, mientras la esperanza de un futuro digno para la humanidad se podía depositar confiadamente en la Unión Soviética y en su Partido Comunista bolchevique. Sin embargo, esta nítida demarcación entre reacción y progreso se truncó cuando Jruschov, el sucesor de Stalin, denunció a éste como otro monstruo más. A partir de entonces, se fue desmoronando la fortaleza proletaria, empezó a restaurarse el capitalismo en la URSS y los trabajadores del resto del planeta fueron perdiendo primero su conciencia de clase y, después, lo que habían conseguido gracias a ella. La jugada maestra con la que Jruschov y demás agentes encubiertos del capitalismo desorientaron a los verdaderos comunistas consistió en cuestionar la continuación de la lucha de clases en el socialismo como una mera consecuencia del culto a la personalidad de su predecesor. La importancia histórica y lógica de este problema es abordada en el brillante artículo del camarada Harpal Brar, Presidente del Partido Comunista de Gran Bretaña (Marxista-Leninista), que publicamos a continuación.

 

Stalin y el “Culto de la Personalidad”

A partir de Jruschov, los sucesivos líderes revisionistas de la URSS han denunciado a Iosif Stalin por promover el “culto a la personalidad” que, según ellos, distorsionó enormemente la vida interna del partido, causó un gran daño al desarrollo social soviético y obstaculizó el desarrollo económico. Cuando Jruschov, en su calidad de Primer Secretario del Comité Central del PCUS, entregó su informe el 14 de febrero de 1956 al 20º Congreso del Partido, no se sintió lo suficientemente fuerte como para atacar a Stalin abierta y directamente. Por el contrario, se vio obligado a hacer observaciones deferentes y altamente aprobatorias sobre Stalin y la lucha del Partido durante su liderazgo:

“Poco después del 19º Congreso”, dijo, “la muerte arrancó Iosif Visariónovich Stalin de nuestras filas. Los enemigos del socialismo esperaban que hubiera confusión en las filas del partido, discordia en su dirección, vacilación en la realización de su política interior y exterior. Sin embargo, sus esperanzas fueron vanas”.[1]

Sabemos ahora demasiado bien que las esperanzas imperialistas estaban más firmemente arraigadas en la realidad que las afirmaciones jactanciosas de Jrushchov.

Y continuaba:

“La unidad del Partido se ha desarrollado a lo largo de muchos años y décadas, se fortaleció en la batalla contra un montón de enemigos. Los trotskistas, bujarinistas, nacionalistas burgueses y otros malvados enemigos del pueblo, gentes que querían restaurar el capitalismo, trataron desesperadamente de socavar la unidad leninista del Partido desde dentro, y todos ellos lo dieron todo para conseguirlo”.[2]

El ataque de Jruschov contra Stalin en este informe estaba velado y envuelto en un lenguaje casi alegórico:

“Fue de suma importancia restablecer y fortalecer en todos los sentidos el principio leninista del liderazgo colectivo… El Comité Central… condenó enérgicamente el culto al individuo por ser ajeno al espíritu del marxismo-leninismo y por convertir a un líder particular en un héroe y un hacedor de milagros… la acepción del culto a la personalidad tendía a minimizar el papel de la dirección colectiva en el Partido, y en ocasiones dio lugar a graves inconvenientes en nuestro trabajo”.[3]

Después de haber eliminado, mediante asesinato judicial, a Beria y algunos otros marxistas-leninistas, Jruschov se sintió lo suficientemente audaz como para condenar a Beria como un agente imperialista, una acusación sumamente absurda:

“Los imperialistas habían depositado esperanzas especiales en su antiguo agente, Beria, que se había infiltrado pérfidamente en altos cargos del partido y el gobierno. El Comité Central puso fin a la conspiración criminal de ese peligroso enemigo y sus cómplices. Significó una gran victoria para el partido, una victoria para su liderazgo colectivo”.[4]

Si, en los comentarios citados anteriormente, uno sustituyera el nombre de Beria por el de Jruschov, estaríamos mucho más cerca de la verdad. Porque esta verdad es que Beria era marxista-leninista, y los imperialistas, lejos de depositar esperanzas especiales en él, manifestaron una morbosa satisfacción ante la noticia de su eliminación física. Con respecto a Jruschov, las cosas eran diferentes. Los imperialistas habían depositado “esperanzas especiales” en este archirrevisionista, “que se había abierto camino pérfidamente en puestos de dirección en el partido y el gobierno”, y sus esperanzas no eran vanas. Este hipócrita sumo sacerdote de la restauración capitalista, este tramposo adulador, este traidor e intrigante, aprendiendo de los “trotskistas, bujarinistas, nacionalistas burgueses y otros enemigos malignos… que habían querido restaurar el capitalismo” y que lo habían dado todo para conseguirlo, esperó su momento y su oportunidad, que llegó después de la muerte de Stalin, en marzo de 1953.

“La honestidad en política es el resultado de la fuerza;” comentó Lenin, “la hipocresía es el resultado de la debilidad”.[5]

Un testimonio de la hipocresía -y debilidad- de Jruschov y sus cohortes revisionistas es que su ataque directo a Stalin se hiciera en un “discurso secreto” para el 20º Congreso del Partido el 25 de febrero de 1956. Tal era el miedo de la camarilla revisionista a la reacción del pueblo soviético ante el ataque infundado e injustificado de Jruschov contra Stalin que nunca se atrevieron a publicarlo en la URSS. En lugar de eso, lo filtraron al Departamento de Estado de los Estados Unidos, dejando que los medios de comunicación imperialistas se lo transmitieran al pueblo soviético. Para los revisionistas esto resultó ser una precaución extremadamente sabia, ya que los simples rumores sobre el contenido del “discurso secreto” de Jruschov en el Congreso provocaron revueltas obreras, manifestaciones y disturbios en la URSS. En este “discurso secreto”, Jruschov alegaba que:

“… el culto a la personalidad adquirió un tamaño tan monstruoso principalmente porque el mismo Stalin, usando todos los métodos imaginables, apoyaba la glorificación de su propia persona”.[6]

Conforme pasó el tiempo, Jrushchov se sintió más seguro y audaz, dando rienda suelta a su rencor contra Stalin en un lenguaje de lo más absurdo, violento y venenoso. En su conversación con la delegación del Partido Comunista Chino (PCCh) el 22 de octubre de 1961, tachó a Stalin de “asesino”, “criminal”, “bandido” e “idiota”. En su discurso en la recepción del Primero de Mayo de 1962 ofrecida por el gobierno soviético, Jruschov describió a Stalin como un “jugador”, un “déspota del tipo de Iván el Terrible”, “el dictador más grande en la historia rusa” y un “tonto”.

El significado de las acusaciones de Jruschov, su verdadero significado, solo puede ser que el primer estado socialista estuvo durante casi tres décadas encabezado por un “bandido”; que la heroica lucha del glorioso PCUS fue, durante este período, emprendida bajo el liderazgo de un “tonto”; que el gran Ejército Rojo que, al aplastar la máquina bélica nazi triunfó en la Gran Guerra Patria antifascista, tenía a un “idiota” como su comandante supremo; que el movimiento comunista internacional tuvo a un “asesino” como maestro durante 30 largos años; y que el proletariado internacional y los oprimidos de todo el mundo tenían a un “jugador” como su abanderado en la lucha contra el imperialismo internacional y contra toda reacción. Como comentaron correctamente los camaradas chinos, las acusaciones de Jruschov contra Stalin eran “un insulto grave al pueblo soviético, un insulto grosero al PCUS, al ejército soviético, a la dictadura del proletariado y al sistema socialista, al movimiento comunista internacional, a los revolucionarios de todo el mundo y al marxismo-leninismo”.[7]

Los camaradas chinos preguntaron:

“Cuando Jruschov, que estuvo en la dirección del Partido y del Estado durante los tiempos de Stalin, lo injuria ahora con tanta energía, golpeándose el pecho, descargando puñetazos sobre la mesa y gritando a voz en cuello, ¿en qué posición se coloca a si mismo? ¿En la posición de cómplice del “asesino” y “bandido”? ¿O en la del “tonto” e “idiota”?”.[8]

Y los camaradas chinos siguieron preguntando: “¿Qué diferencias hay entre estas injurias de Jruschov contra Stalin y las de los imperialistas, los reaccionarios de todos los países, o los renegados del comunismo? ¿Por qué siente un odio tan inveterado hacia Stalin? ¿Por qué lo ataca aún más ferozmente que a un enemigo?”

“Al oponerse a Stalin”, dijeron los camaradas chinos a modo de respuesta a la pregunta anterior, “Jruschov se opone furiosamente en realidad al régimen soviético, al Estado soviético. En cuanto a los términos que emplea, de ninguna manera va a la zaga de Kautsky, Trotski, Tito, Djilas y otros renegados, sino que los ha superado”.[9]

Mientras atacaban a Stalin, los jruschovistas alababan a los representantes políticos del imperialismo estadounidense. Los camaradas chinos observaron:

“Censuran y atacan en forma malévola a un gran marxista-leninista, revolucionario proletario y jefe del movimiento comunista internacional, pero, ¡ponen a los cabecillas del imperialismo por las nubes!”. Dando en el clavo, preguntaron pertinentemente:

“¿Será posible que la ligazón entre estos fenómenos sea sólo casual y no la inexorable lógica de la traición al marxismo-leninismo?”.[10]

Esa fue de hecho la importancia política del cruel ataque de Jruschov contra Stalin, de su invectiva desmesurada. Al atacar a Stalin, él (Jruschov) estaba difamando el partido del gran Lenin, la patria del socialismo, el pueblo soviético que fue el primero en lograr una revolución socialista, que confirmó sus grandes logros en feroces batallas contra el imperialismo internacional y la contrarrevolución interna, que realizó milagros de heroísmo y dedicación en la tarea de la construcción socialista, y que cumplió fielmente su deber internacionalista con los trabajadores de todo el mundo.

En su artículo, El significado político de los insultos, Lenin hizo esta observación:

“En política, el lenguaje injurioso sirve a manudo de pantalla para ocultar una total falta de principios y la esterilidad, la impotencia, la irritada impotencia de quienes emplean ese lenguaje”.

Esta acertada observación describe tan bien a los revisionistas jruschovistas que, sintiéndose constantemente perseguidos por el espectro de Stalin, trataron de ocultar su completa falta de principios, su impotencia y su irritada impotencia difamando a Stalin. Jrushchov simplemente difamó a Stalin; él ni siquiera intentó justificar sus acusaciones y cargos contra Stalin. Tal era su odio hacia Stalin que en su discurso en el mítin de la Amistad soviético-húngara en Moscú el 19 de julio de 1963, Jrushchov dijo: “¡Ay!, si Stalin hubiera muerto diez años antes”. Como se sabe, Stalin murió en 1953. Diez años antes habría significado 1943, el mismo año en que el glorioso Ejército Rojo comenzó su contraofensiva contra las bestias nazis en la Gran Guerra Patriótica. Nadie más que Hitler hubiera querido que Stalin muriera en ese momento –podría uno pensar. Pues resulta que los revisionistas jruschovistas estaban de acuerdo con Hitler en desear la muerte de Stalin en ese fatídico año en que la suerte de la guerra, y con ellas el destino de toda la humanidad, pendía de un hilo.

Lenin, en el Prefacio a su notable trabajo en defensa de la filosofía marxista, Materialismo y empiriocriticismo, hizo esta penetrante observación con respecto al revisionismo:

“… los revisionistas son los únicos que han adquirido un triste renombre por haber abjurado de las concepciones fundamentales del marxismo y por haberse mostrado timoratos o incapaces para, en forma franca, directa, decidida y clara, ‘liquidar cuentas’ con los puntos de vista abandonados. Cuando los ortodoxos han tenido que manifestarse contra ciertas concepciones envejecidas de Marx…, lo han hecho siempre con tanta precisión y de forma tan detallada, que nadie ha encontrado jamás en sus trabajos la menor ambigüedad”.[11]

El revisionismo jruschovista se caracteriza, o diremos que se caracterizó, precisamente por esa dualidad, por su alejamiento de los fundamentos del marxismo-leninismo, acompañado por su temor o incapacidad para “ajustar cuentas” abierta y honestamente con los puntos de vista que había abandonado. Incluso tan tarde como cuando Gorbachov accedió al poder, los revisionistas de la URSS, mientras hacían todo lo posible para provocar el colapso final de los últimos restos del socialismo, seguían invocando los nombres de Marx y Lenin. Han encontrado un método fácil: en lugar de asumir abiertamente sus objeciones contra el marxismo-leninismo, incluso hoy en día, se limitan a injuriar a Stalin y a culpar de todas y cada una de las desgracias, reales e imaginarias, al “culto a la personalidad” de Stalin.

En lo que sigue, pretendemos refutar sin lugar a dudas las afirmaciones revisionistas de que Stalin era una persona extremadamente vanidosa, que no solo alentaba el “culto a la personalidad de Stalin”, sino que disfrutaba mucho de él, que se consideraba un ser sobrehumano que lo sabía todo, que hizo afirmaciones sin una investigación previa y forzó a todos a estar de acuerdo con él por pura presunción. Lo que emerge en nuestro estudio del verdadero Stalin, a diferencia del mítico Stalin, es un marxista-leninista extraordinariamente competente, que odiaba los halagos y los aduladores, que odiaba el culto a la personalidad e hizo todo lo posible por detenerlo. Lo que emerge es un gran revolucionario proletario que no sufre ni de presunción ni de modestia fingida, y que se impone a sí mismo una misión -un deseo ardiente- en la vida, a saber, la de contribuir a la lucha revolucionaria del proletariado por su emancipación social; y alguien que nunca abrió la boca sin un previo estudio cuidadoso del asunto a abordar. Lo que también emerge claramente es que son precisamente sus detractores, los revisionistas jruschovistas, los culpables de construir el culto a la personalidad de Stalin. Pero nunca fue engañado por esas adulaciones ni se distrajo del curso proletario que se había impuesto a sí mismo. Esa es precisamente la razón por la cual la intelectualidad burguesa, en particular los revisionistas, alberga tal resentimiento contra él. Durante tres largas décadas frustró sus intentos de desviar al movimiento comunista internacional por cauces oportunistas y redujo su libertad para corromper al movimiento de la clase trabajadora con la ideología burguesa. Es natural que su constante negativa a asumir el liderazgo pictórico de un culto oficiado por la intelectualidad oportunista haya despertado un odio tan incontrolable como el sentido por la camarilla revisionista que se apoderó del liderazgo del PCUS después de su muerte.

Tanto amigos como enemigos dan testimonio de la sencillez y modestia de Stalin. Así es como Enver Hoxha, el líder albanés, describe a Stalin:

“Stalin no era un tirano ni un déspota. Era un hombre de principios, era justo, modesto, muy amable y considerado con las personas, los cuadros y sus colegas”.[12]

Henri Barbusse, el escritor francés, da la siguiente imagen vívida del estilo de vida de Stalin:

“Uno sube al primer piso, donde cortinas blancas cuelgan sobre tres de las ventanas. Estas tres ventanas son la casa de Stalin. En el pequeño vestíbulo, una larga capa militar cuelga de una clavija debajo de una tapa. Además de esta sala, hay tres dormitorios y un comedor. Las habitaciones están amuebladas de forma sencilla como las de un respetable hotel de segunda clase… El hijo mayor, Jasheka, duerme por la noche en el comedor, en un diván que se convierte en cama; el más joven duerme en un pequeño hueco, una especie de alcoba que se abre fuera de él…

“Cada mes gana los quinientos rublos que constituyen el exiguo salario máximo de los funcionarios del Partido Comunista (que asciende a entre £ 20 y £ 25 en dinero inglés)…

“Este hombre franco y brillante es… un hombre simple… No emplea treinta y dos secretarias, como el señor Lloyd George, solo tiene una…

“Stalin otorga sistemáticamente a Lenin el mérito por todo el progreso realizado, cuando el mérito ha sido en gran medida suyo”.[13]

Aunque Stalin disponía del uso de una casa de campo (dacha), su estilo de vida en ella era igual de simple y modesto. Dejemos que hable Svetlana, su hija:

“Fue lo mismo con la dacha en Kuntsevo… Mi padre vivía en la planta baja. Vivía en una habitación en la que hacía todo. Dormía en el sofá, al que convertía por la noche en una cama”.[14]

El escritor estadounidense nacido en Rusia, Eugene Lyons, en su biografía de Stalin, pinta la siguiente imagen de la simplicidad del estilo de vida de Stalin y de su trato amable, agradable y amistoso:

“Stalin vivía en un modesto apartamento de tres habitaciones… En su vida cotidiana, sus gustos permanecían sencillos hasta el punto de la tosquedad… Incluso aquellos que lo odiaban con un odio desesperado y lo culpaban de crueldades sádicas nunca lo acusaron de excesos en su vida privada…

“Aquellos que miden el ‘éxito’ en millones de dólares, yates y amantes encuentran difícil entender el poder disfrutado en la austeridad…

“No había nada remotamente parecido a un ogro en su aspecto o conducta, nada teatral en sus modales. Era un hombre agradable, serio y envejecido, evidentemente dispuesto a ser amable con el primer extranjero al que había admitido en su presencia en años. ‘Es una persona verdaderamente agradable’, recuerdo haber pensado mientras estábamos sentados allí, y recuerdo haberlo pensado con asombro”.[15]

Sidney y Beatrice Webb, los famosos fabianos británicos, en su obra perdurable El comunismo soviético: una nueva civilización, rechazan el mito del ejercicio del poder dictatorial por parte de Stalin:

“A veces se afirma que… todo el Estado se rige por la voluntad de una sola persona, Iosif Stalin.

“Primero hay que señalar que, a diferencia de Mussolini, Hitler y otros dictadores modernos, Stalin no está investido por ley con ninguna autoridad sobre sus conciudadanos. Ni siquiera tiene el poder extenso que… la Constitución estadounidense confía por cuatro años a cada presidente sucesivo… Stalin no es, y nunca ha sido,… el presidente de la URSS… Ni siquiera es un comisario del pueblo, o un miembro del gabinete… Él es… el Secretario General del Partido…

“No creemos que el Partido se rija por la voluntad de una sola persona, o que Stalin sea el tipo de persona que reclame o desee ese puesto. Él mismo ha negado explícitamente tal dictadura personal en términos que… se corresponden sin duda con nuestra propia impresión de los hechos.

“El Partido Comunista en la URSS ha adoptado para su propia organización el modelo que hemos descrito… En este modelo, la dictadura individual no tiene cabida. Desconfía de las decisiones personales y se guarda cuidadosamente en contra de ellas. Para evitar los errores debidos a los prejuicios, la ira, los celos, la vanidad y otros males… es deseable que el individuo siempre sea controlado por la necesidad de obtener el asentimiento de colegas de la misma categoría, que han discutido francamente el asunto y que tienen que hacerse responsables conjuntamente de la decisión…

“Stalin… ha… señalado frecuentemente que no hace más que llevar a cabo las decisiones del Comité Central del Partido Comunista…

“La pura verdad es que, al examinar la administración de la URSS durante la última década bajo la presunta dictadura de Stalin, las principales decisiones no han manifestado ni la prontitud ni la determinación, ni tampoco la temida obstinación que a menudo se le ha reprochado a una dictadura. Por el contrario, la acción del Partido ha sido frecuentemente decidida después de una consideración tan prolongada, y como el resultado de una discusión a veces tan acalorada y tensa, que evidencia en su formulación las señales de indecisión y falta de seguridad… Estas políticas han soportado el estigma del control del comité”.[16]

Para aquellos que no están dispuestos a creer en el testimonio de Hoxha, Barbusse y los Webb como testigos parciales, reproduciremos extractos de los escritos de los muy críticos con Stalin, pero que, sin embargo, corroboran el testimonio ya citado.

Joseph Davies, el embajador de los Estados Unidos en Moscú de 1936 a 1938 -el período de los Juicios de Moscú- dice lo siguiente de Stalin:

“Me sobresalté al ver que la puerta… se abría y el señor Stalin entraba solo en la habitación… Su actitud era amable, sus modales casi ridículamente simples…

“Me saludó cordialmente con una sonrisa y con gran sencillez, pero también con una auténtica dignidad… Sus ojos marrones reflejan amabilidad y gentileza. A un niño le gustaría sentarse en su regazo y a un perro acomodarse a su lado”.[17]

Walter Bedell Smith, otro embajador de Estados Unidos en Moscú, de 1946 a 1949, escribe sobre Stalin:

“No es, por ejemplo, un dictador absoluto, por un lado, ni un prisionero del Politburó, por el otro. Su posición, diría yo, es más la de presidente del consejo con el voto decisivo…”.[18]

Otro corresponsal estadounidense nacido en Rusia, Isaac Don Levine, en su biografía que está lejos de ser amistosa con Stalin, escribe:

“Stalin no busca honores. Detesta la pompa. Es reacio a los discursos públicos. Podría tener todas las insignias nominales de un gran Estado colgadas del pecho. Pero prefiere mantenerse en segundo plano”.[19]

El escritor estadounidense Louis Fischer, que es igualmente hostil a Stalin, da esta descripción de la capacidad de Stalin para escuchar:

“Stalin… inspira al Partido con su fuerza de voluntad y su calma. Las personas en contacto con él admiran su capacidad de escuchar y su habilidad para mejorar las sugerencias y borradores de subordinados altamente inteligentes”.[20]

A la pregunta de Eugene Lyons “¿Es usted un dictador?” Stalin respondió:

“No, no soy un dictador. Los que usan la palabra no entienden el sistema de gobierno soviético y los métodos del Partido Comunista. Ningún hombre o grupo de hombres puede dictar. Las decisiones las toma el partido y se aplican a través de sus órganos, el Comité Central y el Politburó”.[21]

Arvo Tuominen, el político revisionista finlandés, aun siendo adverso a Stalin, se siente capaz de reconocer la humildad de éste y de sorprenderse con el contraste entre el Stalin real y el mito creado sobre su persona, con las siguientes palabras:

“En sus discursos y escritos, Stalin siempre se retiraba a un segundo plano, hablando solo del comunismo, el poder soviético y el Partido, y enfatizando que era realmente un representante de la idea y la organización, nada más…

“Nunca noté ninguna señal de vanagloria en Stalin”.[22]

Y:

“Durante mis muchos años en Moscú, nunca dejé de maravillarme por el contraste entre el hombre y las semejanzas colosales que se habían hecho de él. Este caucasiano de estatura media, casi de bolsillo, con un bigote prominente, estaba lo más alejado posible del estereotipo de un dictador. Pero al mismo tiempo, la propaganda le atribuía habilidades sobrehumanas”.[23]

El mariscal Gueorgui Zhukov escribe de Stalin así:

“Libre de afectaciones y gestos, se ganaba el corazón de todas las personas con las que hablaba”.[24]

Svetlana, la hija de Stalin, con su notoria habilidad para caer en toda clase de difamaciones lanzadas contra Stalin, rechaza sin embargo la acusación de que su padre fue personalmente responsable de dirigir el “culto” de su personalidad. Al describir un viaje en tren con él desde Crimea a Moscú en 1948, ella dice:

“Cuando nos deteníamos en las diferentes estaciones, íbamos a dar un paseo por el andén. Mi padre caminaba hasta la locomotora, saludando a los trabajadores del ferrocarril a medida que avanzaba. No se podía ver a un solo pasajero. Era un tren especial y no se permitía a nadie permanecer en el andén… ¿A quién se le ocurrió tal cosa? ¿Quién había ideado todas estas estratagemas? A él, no. Era el sistema del que él mismo era un prisionero y en el que sufría de soledad, vacío y falta de compañía humana.

“Hoy en día, cuando leo o escucho en alguna parte que mi padre solía considerarse prácticamente un dios, me sorprende que las personas que lo conocieron bien puedan llegar a decir tal cosa…

“Nunca se consideró como un dios”.[25]

Ella pinta este cuadro conmovedor de los sirvientes afligidos en la dacha de Stalin inmediatamente después de su muerte:

“Estos hombres y mujeres que eran servidores de mi padre lo amaban. En las cosas pequeñas no era difícil de complacer. Por el contrario, era cortés, modesto y directo con los que lo atendían…

“Hombres, mujeres, todos, rompieron a llorar…

“Nadie estaba simulando lealtad o dolor. Todos se conocían desde hacía años…

“Nadie en esta sala lo consideraba un dios o un superhombre, un genio o un demonio. Lo amaban y respetaban por las cualidades humanas más comunes, esas cualidades para las cuales los sirvientes son los mejores jueces de entre todos”.[26]

A aquellos que dicen que Stalin, por razones de vanidad, presunción y placer subjetivo, alentó el “culto” de la personalidad de Stalin, les respondemos que Stalin frecuentemente condenó y se burló del “culto del individuo” por ser contrario al marxismo-leninismo. Reproducimos a continuación sus pronunciamientos sobre esta cuestión realizados en un período de más de dos décadas. En junio de 1926, en su respuesta a los saludos de los trabajadores ferroviarios, se expresó de la siguiente manera:

“Debo decir con toda conciencia, camaradas, que no merezco la mitad de los halagos que se han dicho aquí sobre mí. Soy, al parecer, un héroe de la Revolución de Octubre, el líder del Partido Comunista de la Unión Soviética, el líder de la Internacional Comunista, un legendario guerrero y todo lo demás. Esto es absurdo, camaradas, y una exageración innecesaria. Es el tipo de cosas que generalmente se dice en la tumba de un difunto revolucionario. Pero no tengo intención de morir todavía…

“Realmente fui, y todavía soy, uno de los alumnos de los trabajadores avanzados de los talleres ferroviarios de Tiflis”.[27]

El 21 de diciembre de 1929, envió una respuesta “A todas las organizaciones y camaradas que enviaron saludos en ocasión del quincuagésimo cumpleaños del camarada Stalin”, que muestra su modestia y total devoción a la causa del proletariado mundial:

“Vuestras felicitaciones y saludos los traslado al gran Partido de la clase obrera que me engendró y educó a su imagen y semejanza. Y solo porque los atribuyo al mérito de nuestro glorioso Partido Leninista, me atrevo a expresaros mi agradecimiento bolchevique.

“No deben tener dudas, camaradas, de que estoy dispuesto a seguir entregando a la causa de la clase obrera, a la causa de la revolución proletaria y del comunismo mundial, todas mis fuerzas, todas mis habilidades y, si fuera necesario, toda mi sangre, gota a gota”.[28]

A principios de marzo de 1930, Stalin escribió su artículo Los éxitos se nos suben a la cabeza, en el que critica las desviaciones de la línea del Partido en la implementación de la política de colectivización, destacando el carácter voluntario del movimiento a favor de las granjas colectivas (koljoses), entre otros asuntos. Este artículo tuvo un efecto singularmente beneficioso al poner a las vastas masas del campesinado al lado de la colectivización y al denunciar los excesos de celo de algunos funcionarios en el terreno de la colectivización. Su iniciativa tuvo una gran acogida. Con su habitual modestia, atribuye todo el mérito de la misma al Comité Central del Partido. Esto es lo que escribió en su “Respuesta a los camaradas koljosianos” en abril de 1930:

“Hay quien piensa que el artículo Los éxitos se nos suben a la cabeza es fruto de la iniciativa personal de Stalin. Esto, naturalmente, son tonterías. El C.C. de nuestro Partido no existe para permitir que, en asuntos como éstos, nadie, sea quien fuere, actúe por iniciativa personal.” [29]

En agosto de 1930, en su “Carta al camarada Shatunovsky”, denuncia la devoción a las personas como “fruslería vana e inútil propia de intelectuales de espíritu débil”.

“Habla usted de su ‘devoción’ hacia mí. Quizás se le haya escapado casualmente esta frase. Quizás, pero si no es una frase casual, le aconsejaría que desechara el ‘principio’ de la devoción a las personas. Ese no es el camino bolchevique. Sea usted únicamente devoto de la clase obrera, de su partido, de su estado. Esta es una cosa buena y útil. Pero no la confunda con la devoción a las personas, esa fruslería vana e inútil propia de intelectuales de espíritu débil”.[30]

En diciembre de 1931, durante su “Conversación con el autor alemán, Emil Ludwig”, Stalin dice lo siguiente sobre el papel de los individuos sobresalientes en la historia:

“En cuanto a mí, solo soy un alumno de Lenin, y el objetivo de mi vida es ser un digno discípulo suyo…

“El marxismo no niega en absoluto el papel desempeñado por las personalidades eminentes, como tampoco niega que la historia la hagan las personas. Pero… las grandes personas solo valen algo en la medida en que sean capaces de entender correctamente estas condiciones [con las que se encuentran], para comprender cómo cambiarlas. Si no comprenden estas condiciones y quieren alterarlas de acuerdo con los impulsos de su imaginación, se encontrarán en la situación de Don Quijote …

“Las personas no pueden decidir individualmente. Las decisiones individuales son siempre, o casi siempre, decisiones unilaterales… En toda colectividad, hay gente cuya opinión debe tenerse en cuenta … De la experiencia de tres revoluciones, sabemos que, de cada 100 decisiones tomadas individualmente sin ser probadas y corregidas colectivamente, aproximadamente 90 son unilaterales…

“Nunca, bajo ninguna circunstancia, nuestros trabajadores tolerarían el poder de una persona. Entre nosotros, los personajes de mayor autoridad se reducen a la nada, quedan anulados, tan pronto como las masas trabajadoras pierden la confianza en ellos. Plejánov disfrutaba de un prestigio excepcionalmente grande… Tan pronto como comenzó a cojear políticamente, los trabajadores lo olvidaron. Lo abandonaron y lo olvidaron. Otro ejemplo: Trotsky. Su prestigio también era grande, aunque, por supuesto, no se parecía en nada al de Plejánov… Tan pronto como se alejó de los trabajadores, lo olvidaron”.[31]

En su “Carta al camarada I.N. Bazhanov” en febrero de 1933, escribió:

“He recibido su carta de cesión de su segunda Orden como recompensa por mi trabajo.

“Le agradezco mucho sus cálidas palabras y su regalo de camarada. Sé de qué se está privando a mi favor y aprecio sus sentimientos.

“Sin embargo, no puedo aceptar su segunda Orden. No puedo ni debo aceptarla, no solo porque solo puede pertenecerle a usted, ya que solo usted la ha ganado, sino también porque he sido ampliamente recompensado por la atención y el respeto de los camaradas y, en consecuencia, no tengo derecho a robarle.

“Las órdenes se instituyen, no para aquéllos que son bien conocidos, sino principalmente para personas heroicas que son poco conocidas y que necesitan ser conocidas por todos.

“Además, debo decirle que ya tengo dos condecoraciones. Eso es más de lo que uno necesita, se lo aseguro.

“Me disculpo por el retraso en responderle.

“Con saludos comunistas,

“J Stalin.

“P.D. Devuelvo la Orden a su dueño”.[32]

En su “Conversación con el Coronel Robins” en mayo de 1933, encontramos este diálogo:

“Robins: Considero un gran honor tener la oportunidad de hacerle una visita.

Stalin: No hay nada de particular en eso. Está exagerando.

Robins: Lo que más me interesa es que en toda Rusia he encontrado los nombres de Lenin-Stalin, Lenin-Stalin, Lenin-Stalin, unidos entre sí.

Stalin: Eso también es una exageración. ¿Cómo puedo ser comparado con Lenin?”[33]

Cuando en 1938 algunos aduladores bienintencionados sugirieron que se publicara un libro titulado Historias de la infancia de Stalin, Stalin les salió al paso con su peculiar estilo, sugiriendo que el libro fuera prohibido:

“Estoy absolutamente en contra de la publicación de Historias de la infancia de Stalin.

“El libro abunda en una montón de hechos inexactos, de alteraciones, de exageraciones y de alabanzas inmerecidas…

“Pero… lo importante reside en el hecho de que el libro tiene una tendencia a grabar en la mente de los niños soviéticos (y de la gente en general) el culto a la personalidad de los líderes, de los héroes infalibles. Esto es peligroso y perjudicial. La teoría de los ‘héroes’ y la ‘multitud’ no es bolchevique, sino socialista-revolucionaria…

“Sugiero que quememos este libro”.[34]

Aquí está nuestra última prueba sobre esta cuestión. En la segunda mitad de 1950, una delegación de cuatro representantes del entonces Partido Comunista Unido de la India, compuesto por M. Basavapunnaiah, C. Rajeswara Rao, Ajoy Ghosh y S.A. Dange, se reunió con una delegación de cuatro representantes del PCUS (b), encabezada por Stalin, siendo los otros miembros Molotov, Suslov y Malenkov. En un artículo, en relación con el papel de Stalin, que apareció en la edición del 8 de julio de 1990 en People’s Democracy, el órgano semanal del Partido Comunista de la India (marxista), el camarada Basavapunnaiah dice lo siguiente, que da fe de la modestia de Stalin, de su memoria prodigiosa y de su gran disposición a ayudar a los partidos hermanos y a tratar a sus líderes con respeto y en pie de igualdad:

“Stalin dijo: ‘Camaradas, nos han pedido que les ayudemos a resolver algunos problemas relacionados con el movimiento comunista en la India. Nuestro conocimiento sobre la India actual no está a la altura, y estamos afirmando nuestros puntos de vista basados ​​en nuestros antiguos estudios sobre la India y nuestra comprensión general del materialismo histórico y dialéctico’.

“Después de un intercambio preliminar de puntos de vista, Stalin le pidió a nuestra delegación que preparara dos borradores, uno relacionado con nuestro programa del partido, y el segundo sobre la línea táctica entonces vigente…

“Stalin preguntó a nuestra delegación si el PCI tenía Programa de Partido. Nos sentimos avergonzados ya que nuestro Partido en la India no tenía un programa como tal, y se regía por resoluciones políticas ocasionales. Luego, Stalin recordó a nuestra delegación nuestro Proyecto de Programa presentado al centro de la Internacional Comunista en el año 1928. Además de recordarnos nuestro olvidado ‘Proyecto de Programa’, Stalin nos dijo que debía estar disponible en los archivos de la Internacional Comunista que se habían cerrado y clausurado después de la disolución de la Tercera Internacional, en el año 1943. Stalin pidió a sus asistentes que desbloquearan y abrieran las puertas de los archivos cerrados de la IC, y encontraran nuestro Borrador del Programa de 1928. Fue encontrado y entregado a nuestra delegación para su lectura y posterior devolución a los archivos de la IC. Todos estábamos terriblemente impresionados por cómo Stalin podía recordar este borrador indio de 1922, después de más de dos décadas, y cómo todos los miembros de nuestra delegación casi se habían olvidado de tal documento”.

El camarada Basavapunnaiah concluye con la siguiente cita del discurso de Stalin realizado en el 19º Congreso del Partido del PCUS, pronunciado el 14 de octubre de 1952, que atestigua el internacionalismo proletario tal como lo propagó y practicó Stalin:

“Camaradas, permítanme expresar el agradecimiento de nuestro Congreso a todos los partidos y grupos hermanos cuyos representantes han honrado a nuestro Congreso con su presencia, o que han enviado saludos al Congreso: gratitud por sus felicitaciones amistosas, por sus deseos de éxito, por su confianza.

“Es su confianza la que valoramos particularmente, porque significa la disposición a apoyar a nuestro Partido en su lucha por un futuro mejor para los pueblos en su lucha contra la guerra, su lucha por la preservación de la paz.

“Sería un error pensar que, habiéndose convertido en una fuerza poderosa, nuestro Partido ya no necesita apoyo. Eso no es cierto. Nuestro Partido y nuestro país siempre han necesitado, y necesitarán, la confianza, la simpatía y apoyo de los pueblos hermanos en el exterior.

“La característica distintiva de este apoyo es que cada vez que un partido hermano apoya las aspiraciones pacíficas de nuestro Partido, al mismo tiempo está apoyando a su propio pueblo en su lucha por la preservación de la paz. Cuando en 1918-19, en el momento del ataque armado de la burguesía británica contra la Unión Soviética, los trabajadores británicos organizaron una lucha contra la guerra bajo la consigna de ‘¡Manos fuera de Rusia!’, esto fue un apoyo: apoyo, principalmente, para la lucha de su propio pueblo por la paz, y apoyo también para la Unión Soviética… Esta característica distintiva del apoyo mutuo se explica por el hecho de que los intereses de nuestro Partido no contradicen, sino, por el contrario, se funden con los intereses de los pueblos amantes de la paz. En cuanto a la Unión Soviética, sus intereses son totalmente inseparables de la causa de la paz mundial.

“Naturalmente, nuestro Partido no puede dejar de estar en deuda con los partidos hermanos, y a su vez debe brindarles apoyo a ellos y también a sus pueblos en su lucha por la emancipación y en su lucha por la preservación de la paz. Como sabemos, esto es exactamente por lo que, después de que nuestro Partido asumiera el poder en 1917, y después de haber tomado medidas efectivas para abolir la opresión capitalista y terrateniente, los representantes de los partidos hermanos, en su admiración por la osadía y el éxito de nuestro Partido, le confirieron el título de la “Brigada de Choque” del movimiento obrero y revolucionario mundial. Expresaron la esperanza de que el éxito de la Brigada de Choque ayudaría a aliviar la posición de los pueblos que languidecen bajo el yugo del capitalismo”.

Entonces surge la pregunta: si Stalin no era quien impulsaba el ‘culto a la personalidad’, ¿quién lo inició, quién lo perpetró y lo perpetuó? La respuesta no es otra que los revisionistas, como Jruschov, Karl Radek, Mikoyan y muchos otros, que se habían abierto camino hasta una posición de autoridad e influencia en el PCUS y el gobierno soviético. Y lo hicieron en parte para ocultar su propia posición revisionista, ya que, aprendiendo de la derrota total y desbandada de la oposición trotskista y bujarinista, los revisionistas, los aspirantes a restauradores del capitalismo, consideraron prudente profesar en voz alta su lealtad al Partido, y especialmente a su merecidamente respetado líder; en parte también, se prestaron a esta adulación para desacreditar a Stalin endosándole la culpa por todas las desgracias reales e imaginarias alegando que él dirigía en solitario la obra, que su conducta dictatorial suprimía toda disidencia y las normas democráticas, etc. Ninguno fue más adulador y más rastrero que Nikita Jruschov, quien jugó probablemente el papel más importante en la construcción del “culto a la personalidad” de Stalin, un culto que ni Stalin ni ninguno de sus partidarios verdaderamente marxista-leninistas en el politburó alentaron.

En cuanto a cómo comenzó el “culto a la personalidad”, el siguiente relato, presentado por el historiador revisionista soviético, Roy Medvedev, es bastante auténtico:

“El primer número de ‘Pravda’ de 1934 incluía un enorme artículo de dos páginas escrito por Radek, elogiando orgiásticamente a Stalin. El ex trotskista, que había dirigido la oposición a Stalin durante muchos años, ahora lo llamaba ‘el mejor alumno de Lenin, el modelo del Partido Leninista, hueso de su hueso, sangre de su sangre’… Él ‘es tan clarividente como Lenin’, y así sucesivamente. Éste parece haber sido el primer gran artículo de prensa dedicado específicamente a la adulación de Stalin, y fue rápidamente relanzado como un panfleto en una tirada de 225.000 copias, una cifra enorme para entonces”.[35]

Todos saben quién fue Karl Radek y dónde terminó. En el Segundo Juicio de Moscú confesó y fue condenado por terrorismo y tentativa de restauración del capitalismo en la URSS.[36]

Jruschov, quien con su arrebato contra Stalin, combinado con una revisión completa de los fundamentos del marxismo-leninismo, puso la rueda en marcha en el 20º Congreso del Partido del PCUS hacia la restauración del capitalismo, fue el promotor más ferviente del “culto de la personalidad” alrededor de Stalin. Aquí están algunos ejemplos. En la Conferencia del Partido de Moscú en enero de 1932, terminó su discurso empleando por primera vez el término vozhd (líder) para referirse a Stalin, con estas palabras:

“Los bolcheviques de Moscú se han unido en torno al Comité Central Leninista como nunca antes, y alrededor del ‘vozhd’ de nuestro Partido, el camarada Stalin, marchan alegre y confiadamente hacia nuevas victorias en las batallas por el socialismo, por la revolución proletaria mundial”.[37]

El mismo hombre que calificaría a Stalin en su “discurso secreto” del 20º Congreso del Partido como un “idiota” y un “tonto”, lo llamaba servilmente “vozhd genial” en la XVII Conferencia del Partido en enero de 1934.[38]

Durante el juicio de Kamenev y Zinoviev (primer juicio de Moscú) en 1936, Jruschov, que era entonces el secretario del partido de Moscú, dijo:

“¡Pigmeos miserables! Levantaron sus manos contra el más grande de todos los hombres,… ¡nuestro sabio ‘vozhd’, camarada Stalin! Tú, camarada Stalin, has levantado la gran bandera del marxismo-leninismo en todo el mundo y la has llevado adelante. Te aseguramos, camarada Stalin, que la organización bolchevique de Moscú -fiel partidaria del Comité Central estalinista- aumentará aún más la vigilancia estalinista, extirpará los restos trotskistas y zinovievistas, y apretará aún más las filas del Partido y de los bolcheviques sin partido, en torno al Comité Central estalinista y al gran Stalin”.[39]

En noviembre de 1936, en el Octavo Congreso de los Soviets de toda la Unión, Jruschov propuso que la nueva Constitución se llamara la “Constitución estalinista” ya que, según él, “… fue escrita de principio a fin por el propio camarada Stalin”.[40]

Cabe señalar, de paso, que ni Molotov, que era primer ministro, ni Zhdanov, el secretario del partido en Leningrado, hicieron referencia a ningún papel especial jugado por Stalin al escribir esta Constitución. En el mismo discurso fue Jruschov quien acuñó el término Estalinismo:

“Nuestra Constitución es el marxismo-leninismo-estalinismo que ha conquistado un sexto del globo”.[41]

Hablando en una concentración de masas de 200.000 personas en Moscú en enero de 1937 durante el Segundo Juicio de Moscú (el de Piatakov y Radek), Jrushchov declaró:

“Levantando sus manos contra el camarada Stalin, las levantaron contra todo lo mejor que la humanidad posee. Porque Stalin es la esperanza, él es la expectativa, él es el faro que guía a toda la humanidad progresista. ¡Stalin es nuestra bandera! ¡Stalin es nuestra voluntad! Stalin es nuestra victoria!”[42].

Jrushchov ensalzó repetidamente a Stalin como “amigo íntimo y compañero de armas del gran Lenin” (diciembre de 1939); como “el genio más grande, maestro y líder de la humanidad” (18º Congreso del Partido, marzo de 1939), como “el gran mariscal victorioso” (mayo de 1945), como “el amigo sincero del pueblo” (diciembre de 1939), y como su “propio padre” (diciembre de 1949).[43]

Con motivo del 50º cumpleaños de Stalin en diciembre de 1929, Mikoyan hizo la siguiente petición:

“… que, satisfaciendo la demanda legítima de las masas, comencemos finalmente a trabajar en su biografía para ponerla a disposición del Partido y de todos los trabajadores de nuestro país”.[44]

Mikoyan repitió esta petición 10 años después con motivo del 60º cumpleaños de Stalin en diciembre de 1939.

Finalmente, se publicó Iosif Stalin: Una breve biografía, escrita por seis personas: Alexandrov, Glationov, Kruzhkov, Mitin, Mochalov y Pospelov, en 1947. Y sin embargo, Jruschov, en su “discurso secreto”, afirmó que Stalin la había escrito personalmente para glorificarse él mismo:

“Uno de los ejemplos más característicos de la autoglorificación de Stalin y su falta de modestia incluso elemental es la edición de su ‘Biografía corta’…

“Este libro es un ejemplo de la adulación más disoluta”.[45]

La verdad es que a Stalin no le gustaban los halagos y era plenamente consciente de que los exponentes del “culto a la personalidad” no lo hacían con buenas intenciones. Según el revisionista finlandés, Tuominen, cuando Stalin fue informado en 1935 de que sus bustos se habían exhibido de forma destacada en Tretyakov, la principal galería de arte de Moscú, Stalin exclamó:

“¡Eso es un flagrante sabotaje!”.[46]

Leon Feuchtwanger dice que Stalin creía que los “saboteadores”, estaban fomentando el “culto a la personalidad” hacia él, con el propósito de desacreditarlo.

“Es manifiestamente fastidioso para Stalin ser venerado como lo es, y de vez en cuando se burla de ello…

“De todos los hombres que conozco que tienen poder, Stalin es el más modesto. Le hablé francamente sobre el culto vulgar y excesivo que se hacía de él, y él respondió con la misma sinceridad…

“Cree posible incluso que haya ‘saboteadores’ detrás de esto, en un intento de desacreditarlo”.[47]

Stalin se burló del “culto a la personalidad” que estaba en marcha al proponer este brindis sarcástico, recordado por Tuominen, en una fiesta de Año Nuevo en 1935:

“¡Camaradas! Quiero proponer un brindis por nuestro patriarca, vida y sol, liberador de naciones, arquitecto del socialismo (repitió todas las denominaciones que se le aplicaban en aquellos días), Iosif Vissarionovich Stalin, y espero que este sea el primero y el último discurso dedicado esta noche a este genio”.[48]

Stalin nunca se dejó engañar por los halagos que le llovieron de los intelectuales y burócratas que ocupaban posiciones influyentes en la URSS o en los partidos comunistas de otros países. Sabemos muy bien cómo las mismas personas que lo presentaban en aquel momento como el creador virtual del universo acabarían acusándolo, después de su muerte, de practicar el “culto a la personalidad”. Rechazando dejarse engatusar por este tipo de adulaciones, declaró lo siguiente en su artículo Problemas económicos del socialismo en la URSS, en referencia al libro de texto “Los fundamentos de la economía política marxista”, entonces en fase de preparación:

“A propósito, en vista del nivel inadecuado de desarrollo marxista de la mayoría de los partidos comunistas en el exterior, un libro de texto de este tipo también podría ser de gran utilidad para los cuadros comunistas extranjeros que ya no son jóvenes”.

Y cuando Yaroshenko, que había presentado una serie de ideas erróneas sobre cuestiones de economía política por las que Stalin lo había criticado, solicitó que se le confiara la tarea de compilar el libro sobre la economía política del socialismo, añadiendo que sería capaz de exponer “la teoría marxista, leninista-estalinista de la economía política del socialismo, una teoría que convertiría esta ciencia en un arma efectiva de la lucha del pueblo por el comunismo”, Stalin replicó: “la petición del camarada Yaroshenko… no se puede tomar en serio, aunque solo sea porque apesta a jlestakovismo[49]“. [50]

Preguntándose también: “¿Debería haber un capítulo especial en el libro de texto sobre Lenin y Stalin como los fundadores de la economía política del socialismo?”, respondía:

“Creo que el capítulo ‘La teoría marxista del socialismo. Fundación de la economía política del socialismo por V.I. Lenin y I.V. Stalin’ debe ser excluido del libro de texto. Es completamente innecesario, ya que no agrega nada, y solo reitera sin brillo lo que ya se ha dicho con mayor detalle en capítulos anteriores del libro”.[51]

Es un verdadero homenaje a la dirección revolucionaria de Stalin, a su firme defensa del marxismo-leninismo y los intereses del proletariado internacional, el hecho de que incluso Jruschov en su “discurso secreto” se viera obligado a hacer la siguiente observación:

“Esta cuestión se complica por el hecho de que todo esto que acabamos de discutir se hizo durante la vida de Stalin bajo su dirección y con su consentimiento; aquí Stalin estaba convencido de que esto era necesario para la defensa de los intereses de las clases trabajadoras contra la conspiración de los enemigos y contra el ataque del campo imperialista. Lo enfocaba desde la posición del interés de la clase obrera, del interés del pueblo trabajador, del interés de la victoria del socialismo y el comunismo. No podemos decir que fuera obra de un déspota enloquecido. Consideraba que esto debería hacerse en interés del Partido, de las masas trabajadoras, en nombre de la defensa de los logros de la revolución. ¡En esto reside toda la tragedia!”.[52]

Y desde entonces los revisionistas se han hecho un lío al tratar sobre Stalin. Cada vez que intentan volver a evaluar su papel, se ven obligados, en contra de sus deseos e intenciones, a dedicarle los más altos elogios. Los ataques revisionistas contra Stalin traen a nuestra memoria un comentario hecho por Marx en su prefacio a El dieciocho Brumario de Luís Bonaparte. Marx comenta que cuando Victor Hugo realizó un mordaz ataque personal contra Luís Bonaparte, hizo que su víctima literaria pareciera “grande en vez de pequeña al atribuirle un poder de iniciativa personal sin igual en la historia mundial”.

Pocos meses después del “informe secreto” de Jruschov, el 30 de junio de 1956, el Comité Central del PCUS adoptó una resolución especial titulada “Sobre la superación del culto del individuo y sus consecuencias”. Esta resolución dice:

“I.V. Stalin, que ocupó el puesto de Secretario General del Comité Central del Partido durante un largo período de tiempo, trabajó activamente junto con otros altos funcionarios del Partido para realizar las directrices de Lenin. Fue fiel al marxismo-leninismo y dirigió, como teórico y organizador de gran calibre, la lucha del Partido contra los trotskistas, los oportunistas de derecha, los nacionalistas burgueses, contra las intrigas de los capitalistas del exterior. En esta lucha política e ideológica, Stalin ganó gran autoridad y popularidad. Pero surgió una práctica equivocada de asociar todas nuestras grandes victorias con su nombre”.

En enero de 1959, la dirección del PCUS volvió a la cuestión de Stalin por tercera vez y publicó otra versión bajo el título ‘Stalin y su obra’, que se incorporaría a un volumen de la Enciclopedia soviética. La nota del editor en ella afirmaba:

“Quizás sea correcto agregar que esta es la primera reevaluación autorizada de Stalin realizada desde el 20º Congreso del PCUS”. Esta “Primera reevaluación autorizada” termina con dos párrafos bajo el título “El nombre de Stalin, inseparable del marxismo-leninismo”, que dicen lo siguiente:

“Stalin ocupó durante mucho tiempo una posición de liderazgo en el Comité Central del Partido Comunista. Toda su actividad está relacionada con la realización de grandes cambios socialistas en el país soviético. El Partido Comunista y el pueblo soviético recuerdan y respetan a Stalin. Su nombre es inseparable del marxismo-leninismo y sería una burda distorsión de la historia extrapolar los errores cometidos por Stalin durante el último período de su vida a todos los largos años de su actividad como líder del Partido y del Estado.

“La campaña iniciada por los reaccionarios imperialistas contra el ‘estalinismo’, que ellos mismos inventaron, es en realidad una campaña contra el movimiento revolucionario.

“Los exabruptos de los revisionistas contra el ‘estalinismo’ son, en esencia, una forma de lucha contra los principios básicos del marxismo-leninismo”.

Ya sabemos que no eran sino Jruschov y otros revisionistas encubiertos quienes, mientras Stalin estaba vivo, iniciaron y continuaron la “práctica errónea de asociar todas nuestras grandes victorias con su nombre”. Lo que es más, esto se hizo en contra de los deseos expresados ​​a menudo por Stalin. También sabemos que los “exabruptos de los revisionistas contra el ‘estalinismo’,” que son, “en esencia, una forma de lucha contra los principios básicos del marxismo-leninismo”, fueron obra de los revisionistas jruschovistas y de nadie más. La campaña trotskista e imperialista contra el “estalinismo” sólo empezó a tener éxito cuando el triunfante revisionismo jruschovista después del 20º Congreso del Partido decidió inclinar la balanza del lado de esta campaña imperialista. Sin embargo, en una cosa podemos estar de acuerdo con la anterior “Primera reevaluación autorizada”, a saber, que la esencia de la campaña contra el “estalinismo” radica en el hecho de que es “una forma de lucha contra los principios básicos del marxismo-leninismo”, independientemente de si es urdida por el trotskismo, el imperialismo o el revisionismo jruschovista moderno. Se puede decir de paso que, aunque los revisionistas hablan constantemente de “los errores cometidos por Stalin durante el último período de su vida”, nunca especifican estos errores, y mucho menos se molestan en corroborar sus acusaciones.

También es un homenaje a la dirección revolucionaria de Stalin, a su firme defensa del marxismo-leninismo y de los intereses del proletariado internacional que, después de más de treinta años de vilipendio y negación de Stalin por los revisionistas e imperialistas en conjunto, haya en la URSS un gran número de personas que aprecian con afecto la memoria de Stalin, que aprecian, y con orgullo, los supremos servicios meritorios prestados por Stalin a su patria socialista y al proletariado internacional. A finales de 1987, la revista soviética Oktyabr, que había estado a la vanguardia de la propagación de las políticas gemelas reaccionarias de la perestroika y la glasnost, se vio obligada a publicar 16 páginas de cartas de lectores defendiendo apasionadamente a Stalin como un baluarte del socialismo y denunciando con vehemencia al revisionismo jruschovista como contrarrevolucionario:

“Stalin y Lenin son los dos baluartes, las dos columnas de nuestra ideología socialista. Eliminar cualquiera de los dos significa causar un daño irreparable a la causa del comunismo.

“Eso es algo que los ideólogos del sionismo-imperialismo vieron claramente, mientras elaboraban su estrategia de lucha antisocialista. Habiéndose dado cuenta de que su apuesta por Hitler había fallado, decidieron apostar todo en una quinta columna, y no se equivocaron.

“Podrán ustedes afirmar que el 20º Congreso del Partido (cuando Jruschov lanzó la campaña de desestalinización en 1956) sentó las bases de la democratización en la sociedad soviética. Pero creo que fue al revés. Las actividades de Jruschov y de los escritores que lo apoyaron como Solzhenitsyn y Tvardovsky, significaron la contrarrevolución. Y si no fue lo suficientemente claro en 1956, hoy sí que lo está”.[53]

Y cuando la edición de agosto de 1987 de Oktyabr publicó un comentario de Yuri Burtin, su editor, sobre la publicación póstuma del poema anti-Stalin de Tvardovsky Por el derecho a la memoria, produjo una ola de cartas de defensa apasionada de Stalin, incluyendo las siguientes:

“El poema para usted fue solo un pretexto para lanzar un ataque asesino contra nuestra historia soviética de los años 1930 y 1950… nuestro pueblo se niega a seguir escupiendo sobre el nombre de Stalin por el placer de algunos snobs estéticos”, escribió I. Perov, de 23 años, desde Kishinev.

“Pregúnteles a los trabajadores y campesinos qué piensan de Stalin… si trata de convencerlos de que fue bajo Stalin que comenzó el sistema de privilegios para los escalones superiores del partido, le dirán que eso es basura, y cada persona en su sano juicio sabe que estos privilegios florecieron bajo su amado Jrushchov “.

Otra carta continúa:

“Si usted fuera un hombre honesto o un verdadero patriota, tendría que reconocer que, a pesar de las difamatorias campañas contra Stalin, la confianza en él, en su causa y rectitud no solo está viva, sino que está renaciendo entre la nueva generación”.

“Los partidarios de Jruschov tomaron el control del aparato central y eliminaron como partidarios del culto a la personalidad a los verdaderos partidarios del socialismo, a los verdaderos revolucionarios”, dice otro.

Terminamos este artículo con la siguiente cita de Stalin, tomada de su discurso del 23 de octubre de 1927, pronunciado en una reunión del Pleno Conjunto del Comité Central y de la Comisión Central de Control del PCUS(b):

“La razón por la cual los principales ataques fueron dirigidos contra Stalin es porque Stalin conoce mejor todos los trucos de la oposición que algunos de nuestros camaradas, y no es tan fácil, me atrevo a decir, engañarlo. Por eso dirigen sus golpes principalmente contra Stalin. Bien, pues que denosten a sus anchas.

“Pero dejemos a Stalin. Stalin es poca cosa. Tomemos a Lenin. ¿Quién ignora que, en el momento del Bloque de Agosto, la oposición, encabezada por Trotski, emprendió una campaña aún más difamatoria contra Lenin? Escuchen a Trotski, por ejemplo :

“¡Qué disparatada alucinación parecen las detestables intrigas, sistemáticamente urdidas por Lenin, maestro en estos asuntos, explotador profesional de todo atraso en el movimiento obrero ruso”.[54]

“¡Qué lengua, camaradas, fijaos en qué lengua! Esto lo escribe Trotski. Lo escribe refiriéndose a Lenin.

“¿Puede sorprender que Trotski, que trata con tal desprecio al gran Lenin, al que no le llega ni a la suela del zapato, increpe ahora a más y mejor al camarada Stalin, uno de los muchos discípulos de Lenin?

“Más aún, juzgo un honor para mí que la oposición dirija todo su odio contra Stalin. Es natural que así sea. Me parecería extraño y ofensivo que la oposición, que está tratando de destruir el Partido, elogiara a Stalin, que está defendiendo los fundamentos de la concepción leninista Partido”.[55]

En vista de lo anterior, está claro que Stalin no era culpable de practicar el “culto a la personalidad”. La práctica de tal culto fue totalmente en contra de su deseo y fue alentada por revisionistas encubiertos, las mismas personas que lo denunciarían a este respecto en y después del XX Congreso del PCUS. Por lo tanto, su odio a Stalin no puede atribuirse al “culto a la personalidad” que, en cualquier caso, fue creación de ellos. ¿A qué, entonces, debemos atribuir este odio?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en la economía de la lucha de clases, un tema que trataremos en el próximo número de Lalkar[56].

 

[1] N.S. Jruschov, Informe del Comité Central, 20º Congreso del PCUS, Londres, febrero de 1956, página 78.

[2] Ibid p.79.

[3] Ibid. pp. 80-81.

[4] Ibid. pp. 78-79.

[5] Notas polémicas, Obras completas, tomo XVII p.166.

[6] Instituto Ruso, Universidad de Colombia (ed.): The Anti-Stalin Campaign and International Communism, Nueva York, 1956, p. 69.

[7] Sobre la cuestión de Stalin, segundo comentario sobre la carta abierta del Comité Central del PCUS por los departamentos editoriales del Diario del Pueblo y la Bandera Roja, 13 de septiembre de 1963. https://www.marxists.org/espanol/tematica/china/documentos/stalin.htm

[8] Ibid.

[9] Ibídem.

[10] Ibíd.

[11] http://www.elmilitante.org/images/stories/PDF/lenin%20-%20materialismo%20y%20empiriocriticismo.pdf

[12] E Hoxha, Con Stalin, Memorias, Tirana, 1979, pp.14-15.

[13] H Barbusse: Stalin: Un nuevo mundo visto a través de un hombre, Londres 1935, pp. Vii, viii, 291, 294.

[14] S. Alleluyeva, Cartas a un amigo, Londres, 1967, p.28.

[15] E Lyons, Stalin: Zar de Todas las Rusias, Filadelfia, 1940, pp 196 y 200.

[16] S. y B. Webb, El comunismo soviético: una nueva civilización, Londres, 1947, páginas 333-336.

[17] J.E. Davies, Misión en Moscú, Londres, 1940, páginas 222 y 230.

[18] Walter Bedell Smith, Misión en Moscú, William Heinemann Limited, Londres, 1950, página 44.

[19] I.D. Levine, Stalin: A Biography, London, 1931, p.248-249.

[20] L Fischer, de un artículo en The Nation, Vol. 137, 9 de agosto de 1933, página 154.

[21] Ibid, p.203.

[22] A Tuominen, Las campanas del Kremlin, Hanover (New Hampshire, EE. UU.), 1983, pp.155 y 163.

[23] Ibid p 155.

[24] G.K. Zhukov, Las Memorias del Mariscal Zhukov, Londres, 1971, p.283.

[25] S Alleluyeva, Cartas a un amigo, Londres 1968, pp.202-3 y 213.

[26] Ibid. pp.20 y 22.

[27] I.V. Stalin, Obras, tomo 8, Moscú, 1954, p.182.

[28] I.V. Stalin, Obras, tomo 12, Moscow 1955, p.146.

[29] Ibid., Pág. 218.

[30] I.V. Stalin, Obras, tomo 13, Moscú, 1955, p.20.

[31] Ibid., p.107-109 y 113.

[32] Ibid., p. 241.

[33] Ibid., p. 267.

[34] I.V. Stalin, ibid., Volumen 14.

[35] R. A. Medvedev, Let History Judge: the Origins and Consequences of Stalinism, London, 1972, p.148.

[36] Ver Informe de los procedimientos judiciales en el caso del Centro Trotskista Antisoviético, Moscú, 1937, páginas 88- 115.

[37] Rabochaya Moskva, 26 de enero de 1932, citado en L Pistrak, The Grand Tactician: Khrushchev’es Rise to Power, Londres, 1961, p.159.

[38] Ver L Pistrak, ibid., p.160.

[39] Pravda, 23 de agosto de 1936, citado en L Pistrak, ibid., p. 162.

[40] Pravda, 30 de noviembre de 1936, citado en L Pistrak, ibid., p.161.

[41] Ibídem.

[42] Pravda, 31 de enero de 1937, citado en L Pistrak, ibid., p.162.

[43] Todas las citas de este párrafo están tomadas del editorial People’s Daily y Red Flag citado anteriormente.

[44] Izvestia, 21 de diciembre, citado en L Pistrak, ibid., p. 164.

[45] Instituto Ruso, Universidad de Columbia (ed.), Op. Cit., p.69.

[46] A Tuominen, Op. Cit. p. 164.

[47] L. Feuchtwanger, Moscú 1937, Londres, 1937, pp.93-95.

[48] A. Tuominen, Op. Cit., p.162.

[49] Por el nombre del personaje principal, de la obra de N. Gógol, “El inspector”, que encarna la irresponsabilidad, la frivolidad y la ausencia de mesura.

[50] Ibid., p. 85-86.

[51] Ibid. p. 45.

[52] Op. cit. p. 85.

[53] Citado según The Guardian, 16 de diciembre de 1987.

[54] Véase “Carta de Trotsky a Chkheidze”, abril de 1913.

[55] I.V. Stalin, “La oposición trotskista antes y ahora”, obras, tomo 10, p. 177-178.

[56] Este artículo está editado como folleto por la Asociación de Amistad Hispano-Soviética, bajo el título “La lucha de clases económica en la URSS”.

 

Stalin y el “Culto de la Personalidad”

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