El drama de la educación: algunas soluciones

«Estos avances implican que, en la mayoría de los casos, las diferencias en las tasas de matrícula en la educación básica entre países de ingreso alto y bajo están desapareciendo. Ya en 2008, las tasas de matrícula en la primaria de un país promedio de ingreso bajo eran casi las mismas que las de un país promedio de ingreso alto. Pero escolarización no es lo mismo que aprendizaje. En muchos sistemas educativos del mundo, los niños aprenden muy poco: aun después de varios años de escuela, millones de estudiantes carecen de las competencias básicas de lectura, escritura y aritmética». Banco Mundial (2018), Informe sobre el desarrollo mundial 2018: Aprender para hacer realidad la promesa de la educación

Es un cuadro harto familiar. Niños y jóvenes que asisten a las escuelas y no aprenden al ritmo que avanzan los años de escolaridad. El Banco Mundial, en su informe sobre la educación, relata el caso de estudiantes que estando en el sexto curso de primaria no pueden leer con la fluidez que se espera de un niño de segundo grado. O niños en tercer grado que no saben sumar 5 + 6. Es lo que se ha llamado la crisis del aprendizaje, expresada como una brecha que parece crecer entre los años de escolaridad y el aprendizaje. Quizás por eso muchos perciben que ahora se aprende menos que antes. En realidad, las escuelas, en nuestros países subdesarrollados, le han estado fallando a los estudiantes por décadas con métodos anti pedagógicos que en el mejor de los casos los aburrían o, peor aún, los dejaban con una aversión inexplicable a la escuela. Los esquemas rígidos de las escuelas no tenían -o no tienen- espacios para las múltiples inteligencias de sus estudiantes. Los más perjudicados: innovadores, creadores, artistas…

Algunas soluciones. En el citado informe, el Banco Mundial se cuestiona si es posible que todo un sistema logre escapar de un equilibrio con bajo nivel de aprendizaje y convertirse en uno mejor. Para ellos la respuesta es afirmativa, y proponen un conjunto de acciones o políticas que pueden lograr que nuestros países den un salto cualitativo en un sector tan fundamental para el desarrollo humano como la educación. Son tres las estrategias complementarias que tipifican las reformas educativas exitosas -nos dice el Banco Mundial.

La primera estrategia consiste en tener las mediciones apropiadas para determinar si los objetivos del aprendizaje se están logrando de acuerdo con los resultados previstos; de lo contrario, no se podría establecer con certeza el grado de efectividad de las políticas educativas. Al respecto, el informe dice que «En particular, la información sobre el aprendizaje de los estudiantes y el desempeño escolar —si se presenta de manera que resulte relevante y aceptable— contribuye a enriquecer el debate político y a mejorar la prestación de servicios. Asimismo, ayuda a los responsables de formular las políticas a gestionar un sistema complejo».Asimismo, se destaca el hecho de que los indicadores del aprendizaje pueden revelar factores claves de dicho proceso, como son la calidad de los docentes, la preparación de los estudiantes, la calidad en la gestión de las escuelas y la equidad del financiamiento.

Una segunda estrategia, sugiere el informe, es vincular las políticas educativas con las evidencias detectadas a través de las mediciones. Sin embargo, las evidencias que se tienen de mejoras en otros países no garantizan que vayan a funcionar en un contexto diferente, “dado que en el ámbito de la educación no existen las soluciones mundiales», recalcan los autores. Lo que ha funcionado en Finlandia no necesariamente tiene que funcionar en la República Dominicana. Pero las evidencias son el punto de partida para implementar intervenciones inteligentes e innovadoras en un sistema educativo con tantas precariedades para el aprendizaje. Las intervenciones para mejorarlo tienen que centrarse, prosigue el informe, «en el estudiante, en el aula y en la escuela».

Alinear a los actores del sistema educativo con los propósitos de mejorar el proceso de aprendizaje es la tercera estrategia sugerida por el informe, y que busca eliminar los obstáculos técnicos y políticos que dificultan el aprendizaje. «Los obstáculos técnicos comprenden la complejidad del sistema, el gran número de actores, la interdependencia de las reformas y el lento ritmo al que se producen cambio en los sistemas educativos. Los obstáculos políticos comprenden los intereses contrapuestos de los distintos actores y la dificultad para salir del desequilibrio, especialmente, en los medios de bajo nivel de confianza donde predominan los riesgos», sentencia el informe. Pero reconoce lo difícil que es poner de acuerdo a todos los actores en un escenario de tantos intereses encontrados. El empoderamiento de las comunidades para gestionar de manera autónoma o descentralizada sus escuelas pudiera ser una intervención para mejorar la calidad de la educación.

Un rasgo distintivo de los sistemas educativos de los países subdesarrollados es el dualismo entre la educación pública y privada, tema que no es abordado en el informe del Banco Mundial. Así como existe una marcada desigualdad social, también hay una desigualdad en término de los accesos a la educación de relativa calidad. Los niños que nacen en la pobreza se ven obligados a educarse en el componente de menor calidad, y de esta manera la suerte de ellos queda definida mucho antes de estar en condiciones de ir al mercado laboral en busca de un puesto de trabajo. Es una lamentable situación que retroalimenta la desigualdad social y económica. En este sentido, lo recomendable seria que las políticas educativas financien la demanda -la posibilidad de que cada estudiante pueda elegir el centro educativo de su preferencia- y no la oferta, como en general ha ocurrido en el país.

Como se puede apreciar, son muchos los desafíos que se deben superar para alcanzar un aprendizaje de calidad. Efectivamente, la educación dominicana tiene que completar un gran número de tareas pendientes -atrasadas y no entregadas- antes de convertirse en una verdadera revolución.

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