Cuando amaban las tierras comuneras -4

Cuando amaban  las tierras comuneras -4

Por Odalís G. Pérez

Especial para Quisqueyaseralibre.com

Cuando amaban las tierras comuneras de Pedro Mir no ha gozado de una lectura crítica inmanente o contextual, pero aún más, el ritmo novelesco ensayado por Pero Mir no ha tenido consecuencias a nivel experimental o formal en el país. La novela como lenguaje y relación con la historia y lo cotidiano trasciende los lugares ya estratégicos fijados por la tradición novelesca de la última modernidad, lo que por sincronía produce una arritmia  discursivo-narrativa, debido a que los focos y tejidos enunciativos combinados en el plano de superficie de la novela, redefinen las llamadas líneas de recorrido utilizadas en las diversas fórmulas de progreso y posicionamiento novelesco.

Cuando Mir publica en 1978 su novela, dicho género fue estudiado y tratado en vertientes experimentales desde la búsqueda temático-diacrónica y desde las cardinales progresivas de un universo novelesco acentuado mediante narratemas, ideologemas literatios y  culturemas que hicieron más sostenible la aventura imaginaria y expresiva de lo que hoy se entiende por texto novelesco. Todo lo cual ha permitido reconocer una “entrada en sentido” de las diversas historias inventadas, repetidas, utilizadas como recurso refundador, promovido como trayecto emergente o ejemplificador.

El texto de Mir obliga, a parte de su tema, diégesis o universo a pensar en la República Dominicana como conflicto, libertad, historia epocal y espacio de contradicción. Todo lo que narra nuestro autor se inscribe en la trama visible y en la historia misma del personaje, tal y como se hace legible en actores–personajes como Silvestre, Bonifacio Lindero, padre; Bonifacio Lindero, hijo; Rufa o Romanita, el viejo Villamán, Urbana y otros con menos condición jerárquica. En dicha novela, el personaje apunta a un fin sugerido y acentuado por su contexto visible, espacial y temporal.

El ámbito de acción y decisión mediante el cual Rufa o Romanita acepta volver a su hogar a re-unirse con Bonifacio Lindero, aporta un cambio que habrá de incidir en el argumento y desarrollo de la novela. Luego de nacer aquel pecesillo que llamaría como su padre Bonifacio Lindero, nacen los desacuerdos de mundo a partir de los cuales surge la resistencia del hijo frente al padre, a tal punto que Bonifacio Lindero, hijo, solo espera una oportunidad para alejarse, marcharse, hacer lo que hizo su madre, esto es, marcharse como viajero absurdo a una capital en guerra y peligro. El joven aporta otro argumento en la línea conflictiva de la novela. Con ideas que se apartan de la ideología patriarcal del momento, el joven Bonifacio Lindero toma el automóvil junto con otros dos personajes que denomina absurdos, para lanzarse a un camino plagado de incertidumbres.

Pero toda novela implica de una u otra manera biografía y alteridad. Por eso, Cuando amaban las tierras comuneras es también biografía insular y relación etnocultural. El sujeto histórico y cultural se convierte en testimoniante y en tal sentido la ruralía del Este cobra valor en esta obra como recurso, trayecto político de la interpretación y vuelta a los orígenes.

La fabulación que implica al movimiento obrero de San Pedro de Macorís, La Romana, así como el origen de la agrimensura en el país en tiempos de la primera ocupación norteamericana, la significación de las llamadas tierras o terrenos comuneros, el miedo en la Era de Trujillo, la piromancia de una pseudoinspector, la oposición capital-provincia, campo-ciudad, sujeto-urbano-sujeto rural, hacen de la novela un espacio real-imaginario atendible en el plano de una lectura integradora y una lectura abierta de los condicionantes sociales, políticos y económicos del país.

Los dos ritmemas (el de comienzo y el de cierre), conducen a un viaje que es fuga, renuncia o regreso, pero también desprendimiento, distancia y cercanía. Representación y espaciamiento producen los elementos que traducen o transgreden la sustancia novelesca en la línea imaginaria basada en la poesía-testimonio y en la temporalización de lo visible particularizado como imagen del mundo y escenario identitario.

Los ángulos cruzados y las estrategias de escritura surcadas por nexos que inciden en el eje de continuidad de la novela, cualifican el marco “respiratorio” de la misma. La maquinaria verbal utilizada por Mir, actualiza también el campo aperceptivo de las imágenes que conforman o resitúan el orden narrativo, haciendo valer también la calidad de sujetos y situaciones motivadoras de acciones que involucran niveles enunciativos, personajes y los llamados incidentales “implícitos” del tejido novelesco.

Al advertir  que en los capítulos 12, 13, 15, 18, 19 y 20 se van construyendo núcleos imaginarios con asiento en lo cotidiano y lo conflictivo, se hace necesario un contexto explicativo que involucra una relación directa o indirecta con los eventos y ocurrencias personales e históricos, justificados por anillos compositivos internos y externos de la novela. La novela, aunque comienza sujeta al tema, no cierra como perspectiva del mismo, sino como visión del sujeto, tal como se puede leer en el “Epílogo feliz” anclado en la memoria del personaje.

¿Cuál es el destino de los tres personajes “absurdos” según la mirada del autor? El final abierto de la novela no asume lo experimental como singularidad formal, más bien facilita al lector los modos de ser y de accionar de los personajes; mientras Bonifacio Lindero, padre y Rufa, Romanita, son un recuerdo, Bonifacio Lindero, hijo, se expande como símbolo de futuro y nueva realidad.

En la página 8 el narrador explícito revela que “ningún hombre es una isla”, pero también es verdad que una ciudad puede serlo y, en consecuencia, hay que explicar a Macorís en los mismos términos en que se explica la isla entera, incluyendo a la República vecina…” Esta intuición implica una aseveración negativa y asertiva de un lógica política forjada por el ideologema del desarrollo y del sujeto cultural en proyecto y transformación.

La bibliografía política y cultural en el periodo 1916-1940, así como la bibliografía histórica dominicana entre 1930 y 1965, cuando asistimos a cambios contextuales significativos, ha prohijado y propiciado tópicos literarios y culturales visibles en Cuando amaban las tierras comuneras. Los ritmos ideológicos reconocibles en las ocurrencias o secuencias constitutivas del tejido novelesco se extienden a una visión latinoamericana y caribeña que gobernó por mucho tiempo el paisaje intelectual continental y subcontinental. Muchas de las ideas de Pedro Mir guardan relación con el Juan Bosch de Composición social dominicana, De Cristóbal Colón a Fidel Castro, y sobre todo con muchas cardinales de los Cuentos escritos antes del exilio, Cuentos escritos antes del exilio y Más cuentos escritos en el exilio.

Se trata, en ese sentido, de crear acentos cardinales y modos de ver en el arqueado de una mirada direccional que, en este caso, cobra su tamaño en los puntos fuertes de una micropolítica de espacios en movimientos, donde huella, imaginación y evento alcanzan los lugares de la fabulación, el acontecimiento histórico y narrativo, a la vez que patentizan acciones marcadas por construcciones imaginarias de mundos locales (San Pedro de Macorís, La Romana), dominados por fuerzas particulares conformadas por el mismo caudillismo, el gavillerismo y el monterismo vigentes en el contexto de la apropiación de los terrenos comuneros en el Este del país.

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