LA CRISIS CATALANA REVIENTA LAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y EL PP

Maroto jamás fue capaz de defender públicamente sus derechos como homosexual. Pero ahora ataca a los catalanes que defienden los suyos como pueblo.

LA CRISIS CATALANA REVIENTA LAS RELACIONES ENTRE LA IGLESIA Y EL PP

El vicesecretario del Partido Popular, Javier Maroto, criticó duramente a la Iglesia Catolica española por dar su opinión acerca de la crisis catalana. Con una hipocresía que revuelve, Maroto se atrevió a decir que la “Iglesia siempre acierta cuando habla de asuntos relacionados con la moralidad y la ética”

 POR ADAY QUESADA / CANARIAS SEMANAL

 

 
El vicesecretario  del Partido Popular, Javier Maroto, criticó duramente a la Iglesia Catolica española  por  dar su opinión  acerca de  la crisis catalana. Con una hipocresía que revuelve, Maroto se atrevió a decir que la “Iglesia siempre  acierta cuando habla de asuntos relacionados con la moralidad y la ética”. Pero – añadíó –  que  esa institucion religiosa debería dejar asuntos como la crisis catalana como tarea exclusiva de los políticos.

 

 

 

Escuchar en boca del tal Maroto que “en temas morales la Iglesia católica siempre acierta, no deja de tener dos voluminosos bemoles.  Javier Maroto, que es homosexual, contrajo matrimonio hace  un par de años con su pareja Josema Rodríguez, después de que tanto su Partido como la propiaIglesia Católica le estuvieran impidiend“moralmente” satisfacer sus legítimos deseos de convivencia homosexual.

 

 

 

Y es que la cuestión es que Javier Maroto Aranzábal inició su carrera política en las   Nuevas Generaciones del Partido Popular allá por los finales de la década de los 90. Es decir, no sólo tuvo que vivir  escondido en lo más recondito de su armario durante los años en los que su Partido y la misma Iglesia esgrimían la antorcha del infierno en contra de los que pretendían  el reconocimiento  entre personas del mismo sexo, sino que es conocedor, en primera persona, de la vejación “moral” que sufrían  durante aquellos años  quienes  tenían su misma orientación sexual por parte de esas dos instituciones, la politica y la eclesiástica.

 

 

 

Maroto, cuya voz de protesta en defensa de los derechos de los homosexuales  no se tuvo la oportunidad de conocer nunca publicamente, alza ahora su airada protesta en contra de que nuestra ultraconservadoraConferencia Episcopal española se pronuncie – eso sí, muy tímidamente y por razones de un calculado oportunismo circunstancial –  en contra de  “decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que sitúen a las administraciones y partidos al margen de la práctica democrática”.

 

 

 

Pero no debe haber motivos para la sorpresa. Al fin y al cabo, el Partido Popularla Iglesia  y Maroto  son tan solo una genuina excrecencia de algunos de  los males históricos que arrastra este desgraciado país nuestro desde hace siglos.

 

 

 

 

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