Ser hostosiano

EN PLURAL

Ser hostosiano

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Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez
yvepra@hotmail.com
LISTINDIARIO

Reflexiono sobre Eugenio María de Hostos con frecuencia: cuando releo sus obras, cuando escribo sobre él, y, ahora casi a diario, al comparar su concepción de una educación hostosiana, vía para formar seres humanos libres y ciudadanos conscientes, con nuestra educación, a la que falta la brújula de una filosofía definida en base a la criticidad y la ética.

Ayer se cumplieron 114 años de la muerte del Maestro. Como sucede en cada una de sus efemérides, con una flor hecha de palabras y de reiteraciones, quiero compartir lo que es para mí ser hostosiana.

Uno de los más consecuentes estudioso del maestro, el doctor Ángel Villarini, afirma que: “Ser hostosiano es adscribirse a una comunidad de interpretación, con sus aspiraciones y metas, con ideales y valores, con ciertos proyectos y agenda histórica, con formas compartidas de entender la realidad con ciertas inquietudes y preguntas”.

Esa definición, presupone que los que nos proclamamos hostosianos conocemos a fondo los principios teóricos-poéticos del maestro, en cuanto a educación se refiere.

Son el espacio y el tiempo los que sugieren, más bien imponernos bien, el Qué y el Cómo de la educación.

Nadie se atrevería a pretender asumir como currículo las asignaturas del plan de estudio de la escuela hostosiana. Las ciencias, esas que el amaba y respectiva tanto, han avanzado vertiginosamente, y la tecnología se ha abierto paso con una velocidad que da a veces miedo.

Seria y es absurdo, inaceptable pretender que los maestros, siguieran enseñando en el aula con los modestos materiales que Hostos  mismo construía con sus manos: cuerpos geométricos, mapas físicos planos. Las tecnologías de la información y el conocimiento, bien aplicadas, son obligados  recursos educativos en el aula.

Pongo esos ejemplos, tan simples, para ratificar que el “ethos”, el sentido de ser hostosiano no se encuentra en la cáscara, en la forma en que se desarrolle un modelo pedagógico que se asemeje al de Hostos. Ser hostosiano es, en primer término y sobre todo, concebir que la educación es un deber del Estado, un derecho de los ciudadanos, una forma, la más fecunda, de redención humana, de progreso social, de siembra de semillas de patriotismo y de ética.

Ser hostosiano, es asumir el ímpetu de la historia: Hostos que amaba la cultura hispánica, combatió el imperialismo español, el maltrato y abandono a sus colonias. Hostos se aproximó al Krausismo, porque en su empeño de detener el dogmatismo acrítico de los métodos educativos de la época, trató de conciliar el racionalismo con la moral, la razón con el bien, sin  imponer preceptos acartonados, manteniendo el aula libre de toda pasión que no sea la de la educación  misma.

¿Copiarlo, en un ejercicio pasadista? El mismo Hostos quien fue uno de los primeros admiradores de la reforma educativa de Froebel, afirmaba que las teorías y prácticas del educador alemán había que ampliarla y mejorarla, parafraseando a Freire, la mejor forma de entender a Hostos, es superarlo, partiendo de su agenda, en lo medular, y habiendo estudiado y analizado prolijamente sus ideas.

Ser hostosiano, en suma, yo lo soy, es una aspiración a crecer, a “subir la montaña junto a él” para divisar un futuro mejor.

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