Educación, diferenciación social y pobreza

Análisis

Educación, diferenciación social y pobreza

Resulta fácil detectar los resultados de la actual política gubernamental: una infraestructura prácticamente en ruinas, falta de condiciones sanitarias en los centros educativos, el mantenimiento de escuelas ranchos y sin energía eléctrica, carencia de insumos, un descuido imperdonable en relación con los compromisos adquiridos con los educadores, entre otras cosas.

  • Juan Jované | opinion@epasa.com |             

Entre los compromisos más importantes que suscribimos todos los candidatos a la presidencia en el 2014 está el “Acta Compromiso de los Candidatos a la Presidencia de la República por una Agenda por la Niñez y Adolescencia de Panamá”, ideada, promovida y concertada por la Unesco. En el ámbito de la educación esta acta obligaba a todos sus firmantes, incluyendo al actual presidente de la República, a elevar el gasto público con el fin de extender el ciclo obligatorio desde el preescolar hasta la educación media, a la vez que se lograba un avance en la calidad, la equidad y la pertinencia de la educación.

Si observamos la realidad actual de la educación pública, resulta evidente que el presidente de la República ha incumplido de manera flagrante con la palabra empeñada. Es así que, pese a que fue necesaria una amplia movilización y presión de los educadores para que el presidente Varela se comprometiera a cumplir con la Ley de Educación que obliga a que en el presupuesto de gasto del Estado se asegure un financiamiento para la educación oficial equivalente al 6% del producto interno bruto, lo cierto es que el Gobierno se ha negado sistemáticamente a cumplir con el calendario que debería alcanzar progresivamente esa cifra.

Resulta fácil detectar los resultados de la actual política gubernamental: una infraestructura prácticamente en ruinas, falta de condiciones sanitarias en los centros educativos, el mantenimiento de escuelas ranchos y sin energía eléctrica, carencia de insumos, un descuido imperdonable en relación con los compromisos adquiridos con los educadores, entre otras cosas. Se trata de una situación que compromete no solo el futuro de la niñez y la adolescencia, sino que, además, atenta contra los principios básicos de la democracia y el sentido de solidaridad nacional.

En efecto, desde el punto de vista de la democracia efectiva, que debe sostenerse sobre una equidad en términos de las oportunidades, lo cierto es que la política del actual gobierno ha generado un mayor deterioro de la educación oficial, dando lugar a una creciente brecha entre la educación pública y la privada, la cual amenaza con consolidar lo que Gunnard Myrdal llamó el círculo vicioso de la pobreza: niños pertenecientes a hogares pobres que por carecer de una educación adecuada se convierten en la próxima generación de padres con precariedad laboral y en condiciones de pobreza. Más aún, la educación pública de calidad en la medida que permite la interacción en el espacio educativo de niños provenientes de diversos sectores sociales promueve si se tiene en cuenta que las preferencias sociales son endógenas, el sentido de nación, diálogo y solidaridad.

La tendencia que muestran las acciones gubernamentales en relación con la educación apuntan, según nuestro juicio, hacia crecientes formas de privatización, tales como el llamado sistema de voucher, que solo asegura una educación inferior a los menos pudientes, y las llamadas escuelas chárter, que formalmente son propiedad del Estado, pero que se le entregan en administración a los privados. Todo esto, si los ciudadanos lo permitimos, llevaría a un verdadero sistema de “apartheid” educativo.

Economista

 

http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/educacion-diferenciacion-social-y-pobreza-1070075

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