Un país, una universidad

Julio Fontanet

TRIBUNA INVITADA

Por Julio Fontanet

ELNUEVODIA

Un país, una universidad

No puede existir un país que pretenda tener paz, crecimiento económico y movilidad social si no cuenta con un sistema de educación universitaria accesible a todos los sectores de la población. Los puertorriqueños a veces no nos damos cuenta de las muchas posibilidades y talentos que tenemos. Quizás tenga eso algo que ver con la baja autoestima resultante de nuestra situación política.

Una de las fortalezas del país es que contamos con un sistema de universidades públicas y privadas accesibles a todos en términos geográficos, pero particularmente en términos económicos. Cada universidad, cada recinto, cada facultad presenta unas áreas de especialización, intereses o, incluso, de visiones u orientaciones distintas en torno a la educación. Esa diversidad en la oferta universitaria es un activo para el País.

En la mayoría de las instituciones privadas —me refiero a las que son sin fines de lucro— el costo por concepto de matrícula es menor que el de algunas escuelas superiores del País y de la mayoría de las universidades en Estados Unidos. Esto ha propiciado que, a pesar de que nuestra población está disminuyendo, se esté percibiendo un aumento de estudiantes internacionales y de nuestra diáspora en nuestras universidades.

El sistema universitario más antiguo y que más estudiantes tiene es el de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Su existencia desde 1903 ha constituido un motor para nuestro crecimiento económico y para proveer a gran parte de la población las competencias y los conocimientos necesarios para ganarse la vida dignamente mediante su trabajo. Su fundación permitió que primeras generaciones de familias tuvieran acceso a educación universitaria. Esa oportunidad continuó en ascenso con la llegada de universidades privadas, que comenzó en 1912 con la fundación de la Universidad Interamericana en San Germán, lo que amplió el universo de opciones y oportunidades para el estudiantado. No es accidente que años después comenzara un crecimiento económico sin precedentes en el País que continuó hasta los setenta.

Son conocidos los problemas que enfrenta la UPR, particularmente por la falta de entendimiento de su rol por parte de la Junta de Control Fiscal (JCF). Si bien es cierto que puede criticarse un sinnúmero de aspectos relacionados con su funcionamiento, nadie puede perder de perspectiva su importancia, dada su aportación histórica y, además, el costo de matrícula, que financiamos todos los contribuyentes para asegurarnos de que, sin importar la capacidad económica de las personas, puedan acceder a una educación universitaria a un costo nominal. Es importante recalcar que, al igual que en la mayoría de las naciones europeas y latinoamericanas, el costo de la educación universitaria no puede ser un impedimento para poder estudiar.

Las universidades privadas y sus estudiantes tienen que apoyar a la UPR, particularmente los reclamos de los estudiantes en defensa de su alma mater durante este azaroso periodo. Su existencia y estabilidad es parte de la excelente red de universidades —públicas y privadas— que tiene el País. No olvidemos la solidaridad de los estudiantes de la UPR cuando se pretendió imponer un impuesto a la educación privada. Fue aleccionador conocer el apoyo de este sector, a pesar de no verse directamente afectado.

La defensa de la UPR es responsabilidad de todos, como también lo sería repeler el ataque injustificado a cualquier otra institución universitaria del País. Nadie se beneficia de la destrucción o debilitamiento de la universidad del estado, con la excepción de algunos inversionistas que vean la educación como un negocio o, peor aún, como parte de una agenda para limitar las posibilidades del País y su gente. Queremos una universidad con mayor presencia, más eficiente, más productiva, pero —que no se equivoque nadie— la queremos.

La UPR, reitero, es parte vital de esa red universitaria —pública y privada— con que contamos. Hay que mirarlo así: Un país, una universidad.

http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/unpaisunauniversidad-columna-2305849/

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