Todos los años se repite la historia…

La sociedad dominicana y sus cronistas deportivos aplauden cuando un joven con poca instrucción y educación firma un contrato por millones de dólares en el béisbol profesional dominicano. Este ascenso económico-social viene acompañado de hembras y varones con poca instrucción escolar y educación familiar que buscan oportunidades con el iluminado. Casi todos los años, se repite la historia, con un mozalbete cuyo sueño es hacerle una casa a la mamá y comprarse un vehículo de seis cilindros para mover la aguja de la velocidad hasta el fin. Siempre, el bendecido acompaña a su última morada a víctimas inocentes. En ocasiones, he estado cerca de estas estrellas y nadie nunca se acerca a notificarle el cuidado que debe tener con el presente. Al final, las crónicas traen estadísticas presentes y un pasado de explotación y marginalidad de una sociedad injusta. Algunos no llegan a participar en los campeonatos profesionales del béisbol local y muchos no llegan al béisbol profesional de Estados Unidos. Nadie los orienta sobre una posible tragedia a esos agraciados con físico envidiable y una voluntad de acero. Paz a los restos de esos peloteros que soñaron con un sueño que se convirtió en una pesadilla.

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